Mi nombre es Abraham Montoya, soy agustino recoleto y soy originario de la Ciudad de México, una ciudad con una característica especial: todos los capitalinos somos guadalupanos.
En mi familia el cariño a la Virgen de Guadalupe se vive desde una fe sencilla que busca acogerse a la protección del manto de nuestra morenita. Desde pequeño me han inculcado esta devoción y esta seguridad: que la Virgencita es nuestra madre y que ella nos protege. Incluso puedo decir que mis primeros pasos los di en la Basílica de Guadalupe.
Mi cumpleaños es en junio y, a veces, suele coincidir con la solemnidad del Corpus Christi, que se celebra en Ciudad de México con la fiesta de las mulas, una Eucaristía precedida de una procesión que recuerda a los indígenas que llegaban a los templos con sus mulas cargadas de ofrendas. Y en recuerdo, todos visten a los niños de mulitas.
Mi madre, para dar gracias a Dios y a la Virgen por mi primer año de vida, me vistió de mula y me llevó a ver a la Virgen. La sorpresa fue para mi familia, porque cuando entramos a la Basílica, yo comencé de repente a caminar por primera vez.
Desde mi juventud he vivido y sentido como un guadalupano. Cuando participaba en el coro de mi parroquia, este 12 de diciembre cantábamos en varias de las misas organizadas en agradecimiento y devoción a la Guadalupana.
Además, en la casa donde crecí los vecinos nos reuníamos para cantar Las mañanitas a la Virgen; luego íbamos de casa en casa para felicitar a la Virgen en todos los hogares.
Cuando comencé a estudiar la ingeniería, mi universidad quedaba a una calle detrás de la Basílica de Guadalupe. Cada día, al ir a las clases, entraba al santuario por la entrada principal, me inclinaba ante la Virgen y salía por la lateral hacia la universidad; y al regreso hacía exactamente lo mismo.
Desde mi llegada a España en el año 2021 siguiendo mi camino formativo como religioso agustino recoleto, cada 12 de diciembre me lleno de nostalgia por no poder celebrar esta fiesta tan especial y llena de folclore en mi tierra, con mi gente y con mis costumbres.
Eso sí, en nuestras comunidades fuera de México, entre los religiosos agustinos recoletos mexicanos seguimos recordando en ese día a nuestra madre, la morenita del Tepeyac, con las tradicionales Mañanitas y algún que otro platillo mexicano que nos deja el gusto de nuestra tierra en la boca y el cariño a nuestra Madre en el corazón.











