En principio no pensaba asistir a este encuentro de formación para agustinos recoletos de todo el mundo con entre 40 y 55 años de edad, puesto que a mis 54 años estaba justo en el límite. Además, reafirmaba mi negativa con el pretexto de que creía más necesario dedicarme al acompañamiento de los candidatos al aspirantado como promotor vocacional.
Pero recibí una invitación directa del coordinador del encuentro, cambié de opinión y decidí asistir. El resultado es que me gustaron mucho las tres semanas de encuentro formativo en la Casa de la Recolección de los Agustinos Recoletos en Ahuatepec, en las cercanías de Cuernavaca, Morelos, México.
Considero que los cuatro cursos diferenciados que recibimos me van a servir, además de para mi vida personal, para ayudar a los jóvenes inquietos vocacionalmente a los que atiendo. Las propuestas del curso ayudan a crecer como persona, como cristiano y como agustino recoleto, en lo personal, en lo comunitario y en el servicio pastoral.
También me agradó muchísimo compartir esta formación con religiosos procedentes de todo el mundo y convivir con ellos. Con los que me encontré y conocí por primera vez, pudimos compartir nuestras vivencias vocacionales y me enriqueció el acercamiento a nuevas realidades ministeriales donde sirve la Familia Agustino-Recoleta.
También pude compartir de nuevo tiempo y conversaciones con recoletos que ya había conocido en mi etapa de formación inicial o durante los destinos que como religioso he tenido hasta ahora, pero que no había vuelto a ver en varios años.
Platiqué con todos, me acerqué de primera mano sus distintas experiencias y vivencias en los ministerios y misiones de los Agustinos Recoletos y, cuando era el caso, recordé muchas cosas felices y anécdotas que viví en etapas anteriores de mi vida.
Fue muy gratificante vernos todos como hermanos, reforzar la confianza para hablar y bromear, disfrutar de la convivencia más relajada de los paseos de los fines de semana, aumentar cada día la integración y el conocimiento mutuo, orar y celebrar juntos la Eucaristía compartiendo nuestra fe y nuestra vocación.
También quiero destacar las convivencias de cada día después de cenar. En ese momento aprovechábamos para presentarnos todos al grupo de un modo más personalizado: nuestro origen, nuestro servicio pastoral, nuestra historia.
He aprendido mucho sobre Colombia, Brasil, Costa Rica, República Dominicana, Estados Unidos, España y México, ampliando y completando la visión previa que tenía de mi comunidad religiosa agustino-recoleta, de nuestra forma de ser y hacer.
Agradezco mucho a todos los que lo han preparado esta oportunidad de formación y encuentro que nos ha edificado, nos ha dado nuevas herramientas para crecer y ayudar a las personas a quienes servimos, y nos hacen estrechar lazos y sentirnos más Familia Agustino-Recoleta.













