San Ezequiel Moreno (1848-1906), misionero y obispo agustino recoleto, protector de los enfermos del cáncer, no calló frente a las injusticias, hasta el punto de que tuvo serios encontronazos con las autoridades. Su vida fue un ejemplo de austeridad y de defensa de la verdad en tiempos convulsos.
No menos convulso es nuestro tiempo, ni menos necesitado de que la verdad prevalezca. La corrupción es una herida que no cicatriza, presente en todo tiempo y lugar. Socava la confianza en las instituciones y hace inútil cualquier otra actuación política, por buena que sea. Es alimento de polarización y desencuentro.
Transparency International publica su Índice de Percepción de la Corrupción que va del 0 (absolutamente corrupto) al 100 (absolutamente limpio). En 2024 midió 180 países, con una media de puntuación de 43. Dos tercios (122) no llegan a 50 puntos y solo 21 superan los 70. El único país donde está presente la Provincia de San Nicolás de Tolentino en este umbral es Reino Unido (71 puntos).
¿De dónde surge la corrupción? La respuesta está en el interior de la persona. Cuando se escoge por encima de cualquier valor el afán de poder y de riqueza, es necesario esconder la empatía, la honestidad o la solidaridad, y la persona se lanza de brazos abiertos a un círculo vicioso de corrupción creciente que arrasa con todo.
La Familia Agustino-Recoleta, para celebrar este día, presenta un referente de transparencia, comprometido con la verdad, la austeridad y la solidaridad efectivas. San Ezequiel Moreno vivió guerras y tensiones sociales, y su respuesta fue defender la justicia, la verdad y la dignidad humana. Se entregó a las víctimas de la corrupción, los empobrecidos y enfermos, y promovió sin descanso la reconciliación.
Contaba su primer biógrafo, Toribio Minguella, que “nunca llevaba dinero, ni aun en los viajes. Se hospedaba en conventos pobres sustentándose como un religioso y de otros mil modos que su amor a la pobreza le sugería”. Esto iba acompañado de la solidaridad. En Filipinas, España y Colombia fue muy activo ante hambrunas, pestes y guerras. Decía una testigo: “En esos tiempos aciagos es cuando más rigurosas eran sus penitencias”.
“La cuestión única es servir a Dios como Él quiere”, escribió en 1904, dando a conocer su elección por la sencillez y la entrega total a Dios y a los demás. Su vida austera y su firmeza moral contrastaban con cualquier forma de corrupción o abuso de poder. Se leen en sus cartas frases como estas:
- “Haz todo con amor, pues el amor hace valioso lo sencillo”.
- “No quiero riquezas ni honores, quiero almas para Dios”.
- “La verdadera grandeza se encuentra en servir a los demás”.
San Ezequiel Moreno es luz para situaciones concretas de hoy. Su defensa de la justicia y la verdad pide enfrentar toda violencia o impunidad con firmeza ética, perdón y paz. Su amor por los vulnerables recuerda que hoy hemos de proteger y cuidar de nuestra Casa Común frente a intereses corruptos y avariciosos. Su vida austera y honesta invita a superar materialismos, consumismos y falsas necesidades creadas que solo pueden solventarse encontrando dinero donde sea, aunque sea en la corrupción.
Transparencia y compromiso, como demostró san Ezequiel Moreno, son las actitudes que acaban con la corrupción: “La verdad no se negocia, aunque cueste la vida”, dijo. Su voz y su vida dicen que la integridad es posible.



















