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“Conjugamos escucha, prudencia, silencio y perdón para comprender nuestras limitaciones y mejorar nuestro servicio misionero”

El agustino recoleto Alfonso Lázaro (Arlanzón, Burgos, España, 1952) es el prior de la comunidad misionera de Pauiní, en Lábrea (Amazonas, Brasil). Así vive el gozo de celebrar cien años de presencia de la Recolección en la Amazonia.
Alfonso Lázaro, misionero agustino recoleto en la Amazonia brasileña.

No son buenos tiempos para ejercer el servicio de prior en una comunidad religiosa, y en las circunstancias de estos confines del Amazonas se hace aún más complicado. Asumí esta tarea como un servicio que nuestra pequeña comunidad necesitaba, pidiendo la colaboración de los hermanos y la siempre necesaria ayuda de Dios.

La vida comunitaria agustino-recoleta está organizada en referencia al servicio pastoral que llevamos a cabo en esta extensa Parroquia de San Agustín, atendiendo tanto a las varias comunidades eclesiales de base urbanas, en la sede del municipio, como a las rurales de ribereños e indígenas dispersas por el río Purús y sus afluentes.

La convivencia comunitaria es muy importante para nosotros; el contacto estrecho marca el día a día en la oración, las refecciones, las conversaciones fraternas… Conjugamos la escucha, la prudencia, el silencio y el perdón para comprender mejor nuestras limitaciones humanas y mejorar cada día nuestra convivencia.

La Pastoral sacramental y litúrgica es nuestra actividad principal, que se completa y complementa con el acompañamiento, el diálogo y la escucha activa de tantas personas, católicos y no católicos, que buscan consuelo o ayuda.

Además, en el caso de Pauiní, ni la Parroquia ni nuestra comunidad serían lo mismo sin el compromiso con el Centro Esperanza, un centro de día de la Pastoral del Menor donde son atendidos casi doscientos adolescentes en situación de vulnerabilidad que intentamos sepan vencer en la vida frente a tantas desigualdades, injusticias y violencias.

La sociedad local necesita valores humanos y cristianos, y a los niños y adolescentes les intentamos ofrecer una educación complementaria y alternativa para que, desde el inicio de sus vidas, estén lejos de situaciones de violencia, explotación, abuso o cualquier otra cosa que conculque sus derechos.

Celebramos cien años de la Prelatura de Lábrea y de la presencia de los Agustinos Recoletos en la Amazonia. Damos gracias a Dios por la entrega de tantos misioneros y misioneras que dieron su vida al servicio del Reino de Dios y de su justicia, de las gentes de esta querida tierra.

Sus nombres están escritos en esta heroica —como pocas— historia de la Misión, y también en los corazones y el alma de este pueblo, tan sufridor. Nosotros, aprendices de misioneros en estos confines del Amazonas, tenemos varios ejemplos a imitar.

Entre estos modelos de misioneros están Ignacio Martínez, administrador de la Prelatura, escritor y poeta de las bellezas amazónicas; Jesús Pardo, que no dudó un instante en lanzarse a las agitadas aguas del Purús para rescatar las vidas de varios niños; Mario Sabino entregó su vida en ese mismo río cuando regresaba a Pauiní desde Lábrea en un accidente de barco; y la misionera agustina recoleta Cleusa Coelho dio su vida por la causa de la paz y de la justicia, luchadora incansable de los derechos de los más vulnerables.

Nada mejor que terminar con la primera estrofa del poema “Excelsa aspiración”, del mismo Ignacio Martínez:

“Santo es vivir la vida misionando y el Purús navegando
procurando almas para Dios.
Lindo el vivir que marcha sonriendo y a todos bendiciendo
como bendecía a todos el Señor”.

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