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San Ezequiel Moreno: Pastor, misionero y testigo del Evangelio.

¿Te atreves a adentrarte en la historia de un corazón inquieto, que convirtió cada duda y cada giro del camino en una aventura hacia la Verdad?

Una vida de misión, fe y servicio

San Ezequiel Moreno es una de las figuras más significativas de la historia reciente de la Orden de Agustinos Recoletos. Su vida fue una respuesta fiel y constante a la llamada de Dios, vivida desde la misión, la entrega pastoral y una profunda comunión con la Iglesia.

Sin buscar protagonismos ni reconocimientos, san Ezequiel supo asumir responsabilidades exigentes y contextos complejos con una fe sólida, una conciencia clara de su misión y una caridad concreta hacia los más pobres y enfermos. Su itinerario vital refleja una santidad arraigada en la vida ordinaria, sostenida por la oración y expresada en el servicio.

San Ezequiel Moreno

Vocación temprana y raíces sencillas

San Ezequiel Moreno nació en 1848 en Alfaro (La Rioja, España), en el seno de una familia sencilla y profundamente creyente. Desde muy joven manifestó una clara inclinación hacia la vida religiosa, que encontró su cauce definitivo en la Orden de Agustinos Recoletos, a la que ingresó siendo todavía adolescente.

Ordenado sacerdote en Filipinas en 1871, inició allí su vida misionera en contextos exigentes, marcados por la dispersión geográfica, la pobreza y la precariedad de medios. Aquellos años configuraron su identidad pastoral: un sacerdote cercano, constante, profundamente entregado a la catequesis, al acompañamiento de los fieles y a la atención de los enfermos.

Tras su regreso a España, fue destinado a la formación de nuevos religiosos en Monteagudo. Poco después, respondió a una nueva llamada misionera que marcaría definitivamente su vida: la restauración de la presencia agustino-recoleta en Colombia. Allí desempeñó un papel decisivo en la reorganización de la Orden y en la revitalización de las misiones, especialmente en Casanare, primer vicariato apostólico del país.

Nombrado obispo de Pasto en 1896, ejerció su ministerio episcopal con un profundo sentido de responsabilidad pastoral, fidelidad al magisterio de la Iglesia y cercanía a su pueblo. Su palabra clara, su dedicación incansable y su vida austera hicieron de él un pastor respetado y escuchado, dentro y fuera de su diócesis. Toda su trayectoria refleja una vida guiada por una convicción constante: servir a Dios y a la Iglesia allí donde fuera más necesario, con sencillez, firmeza interior y total disponibilidad.

Recibe la novena de san Ezequiel Moreno

San Ezequiel sigue acompañando hoy a quienes buscan consuelo, fortaleza y esperanza. Te invitamos a recibir gratuitamente por correo electrónico la novena de san Ezequiel Moreno, una propuesta de oración sencilla para encomendar a Dios las propias intenciones y aprender a confiar como él confió.

San Ezequiel Moreno

Su vida como fraile agustino recoleto

Antes de ser obispo, san Ezequiel fue, ante todo, fraile agustino recoleto. Amó profundamente la vida religiosa, la comunidad, la oración y las tradiciones de la Orden. Vivió con radicalidad los votos de pobreza, castidad y obediencia, convencido de que sin amor a Dios no hay auténtico apostolado.

Como fraile, fue hombre de oración intensa, fiel al Oficio divino y a la Eucaristía, con una especial devoción al Sagrado Corazón y a la Virgen. Supo unir contemplación y acción, vida interior y compromiso pastoral. Desde esta raíz agustiniana brotó su fuerza misionera y su capacidad para acompañar, formar y sostener a otros.

Su ejemplo recuerda que el verdadero héroe cristiano no actúa solo, sino arraigado en Dios y en la comunidad.

Centro de Oración San Ezequiel Moreno

Los agustinos recoletos, como custodios del legado espiritual de san Ezequiel Moreno, queremos mantener viva su sensibilidad hacia quienes sufren, especialmente los enfermos de cáncer. El Centro de Oración San Ezequiel Moreno es un espacio de intercesión y esperanza. Al enviar tu intención de oración mediante el formulario, esta será confiada directamente a uno de los monasterios de Agustinas Recoletas, donde las monjas rezarán de manera concreta por tu petición. Rezamos de forma especial por quienes atraviesan la enfermedad, por sus familias y por quienes los acompañan, siguiendo el corazón compasivo de san Ezequiel.

San Ezequiel Moreno

Enfermedad, entrega y muerte

San Ezequiel no fue mártir en sentido estricto, pero su vida y su muerte tuvieron el peso de un auténtico martirio. Cuando la enfermedad apareció, un cáncer doloroso y devastador, no abandonó su misión ni su confianza en Dios.

Aceptó el sufrimiento con serenidad, sin queja, ofreciendo cada dolor como una última predicación silenciosa. Su enfermedad fue su última misión, enseñar a creer cuando ya no se puede hacer nada más que amar y confiar.

Murió el 19 de agosto de 1906 en el convento de Monteagudo, pronunciando con su vida entera un último “sí” a Dios.

Y así, inquieto, siguió su ruta espiritual probándolo todo: filosofías, escuelas, doctrinas. Vivió casi una década dentro del maniqueísmo, convencido de haber encontrado una explicación total de la realidad. Pero el brillo prometido se apagó cuando conoció a Fausto, su líder intelectual, y descubrió que detrás había más vacío que luz.

Desilusionado, rozó el escepticismo. Como un auténtico aventurero del espíritu, saltó de una corriente a otra, estudiando astrología, retórica, misticismo y cuanto libro se cruzaba en su camino. Era un buscador sin descanso.

Reza la novena con san Ezequiel
en Hallow

También puedes rezar la novena de san Ezequiel Moreno a través de la aplicación Hallow, uniéndote a miles de personas que encuentran en la oración un camino de consuelo y fortaleza.

El legado vivo de san Ezequiel

El cuerpo de san Ezequiel Moreno reposa en Monteagudo (Navarra), lugar profundamente unido a su historia. Monteagudo no es solo el sitio donde descansan sus restos, sino un auténtico centro de espiritualidad, memoria viva de su entrega y de su pasión por el Reino.

Cada año, cientos de fieles peregrinan a este lugar para rezar, agradecer y renovar su fe. Allí, san Ezequiel sigue hablando con su vida: invitando a no acomodarse, a mirar el mundo con los ojos de Cristo y a vivir una fe valiente, encarnada y misionera.

Su legado permanece vivo en la Orden, en la Iglesia y en todos aquellos que descubren en él a un héroe del Evangelio para nuestro tiempo.