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El prior general visita la Parroquia de la Consolación y el Colegio Agustiniano de Madrid

Dos obras de la provincia de La Candelaria. Una semana marcada por el encuentro, el cuidado mutuo entre generaciones y la excelencia educativa.
Comunidad colegio agustiniano

El prior general de los Agustinos Recoletos, fray Miguel Ángel Hernández, realizó la semana pasada una visita de renovación a la Parroquia de la Consolación y al Colegio Agustiniano de Madrid, dos ministerios de la provincia de La Candelaria. La convivencia intergeneracional, el cuidado mutuo y la calidad humana marcaron el encuentro.

Fue una visita intensa, marcada por el encuentro con los religiosos, con los equipos de misión y con la comunidad educativa. En el trasfondo de todas las reuniones, el prior general destacó dos notas que le acompañaron durante los días: la armonía intergeneracional en las comunidades y la calidad humana de las personas que sostienen la vida pastoral y educativa.

Encuentro fraterno en la fiesta de la provincia

La visita coincidió con la fiesta de la provincia de La Candelaria, un contexto que favoreció un clima de fraternidad ampliada. En la Parroquia de la Consolación se reunieron religiosos de distintas casas de Madrid, en un encuentro comunitario que permitió compartir la alegría de pertenecer a una misma familia religiosa.

En esta celebración también participaron miembros del equipo directivo del Colegio Agustiniano, reforzando el vínculo natural entre ambas realidades: parroquia y colegio, comunidad y misión, vida religiosa y servicio apostólico.

Las “fuerzas vivas” de la parroquia: escuchar para comprender

Uno de los momentos más significativos en la parroquia fue el encuentro con las llamadas “fuerzas vivas”. La comunidad preparó una cena sencilla, tipo picoteo, que se convirtió en un espacio de conversación, escucha y conocimiento mutuo.

Los participantes fueron presentándose y compartiendo su experiencia, hasta componer una verdadera radiografía de la vida parroquial: su dinamismo, su identidad, sus retos y su riqueza humana. Para el prior general fue una oportunidad especialmente valiosa, porque permitió comprender la parroquia no solo desde la estructura, sino desde las personas que la hacen posible.

Una comunidad marcada por el contraste generacional

Durante la visita, fray Miguel Ángel Hernández subrayó el fuerte contraste generacional que se vive en ambas comunidades.

En el Colegio Agustiniano hay cuatro religiosos muy jóvenes, profesos simples, algunos en el tramo final de su formación teológica. Junto a ellos conviven religiosos de edad avanzada: salvo uno, la mayoría supera los 80 años.

En la Parroquia de la Consolación la realidad es parecida: dos profesos simples y una comunidad mayoritariamente formada por religiosos octogenarios, algunos incluso cercanos a los 90 años.

Lejos de ser una dificultad, el prior general percibió en esta convivencia un rasgo profundamente evangélico: los mayores cuidan de los jóvenes y los jóvenes cuidan de los mayores. Un cuidado recíproco que genera un ambiente de armonía, respeto y convivencia sana, donde cada generación se siente acompañada y valorada.

Religiosos mayores: fidelidad, dulzura y compromiso

El prior general expresó también su sorpresa al descubrir a algunos religiosos mayores poco conocidos por él hasta el momento. Le impresionó especialmente su nivel de compromiso, su actividad y su manera de vivir la fraternidad con un carácter amable y sereno.

La dedicación cotidiana de algunos frailes —con 83, 86 años o más— se convirtió para él en un motivo de gratitud y de orgullo. En su testimonio silencioso, fray Miguel Ángel Hernández encontró un signo de esperanza: la vida religiosa sigue siendo fecunda cuando se sostiene en la fidelidad, en la bondad y en el servicio constante.

En el Colegio Agustiniano: reuniones con dirección, claustro y pastoral

La agenda en el Colegio Agustiniano incluyó diversos encuentros que permitieron conocer el funcionamiento interno del centro. El prior general se reunió con: el equipo directivo, el claustro de profesores, dividido en dos grupos: el responsable de pastoral, el grupo agustiniano Fratellis, que desarrolla su actividad en el colegio. Fue una jornada intensa, con un ritmo de trabajo real, que permitió al prior general observar de cerca la dinámica cotidiana del centro.

Calidad humana y calidez: el estilo de un colegio excelente

Uno de los aspectos que más impresionó al prior general fue la calidad humana del equipo directivo. Destacó, además, que la reunión no fue preparada como un acto protocolario: ese día correspondía la reunión ordinaria del equipo y él simplemente se hizo presente.

Esa transparencia le permitió ser testigo de un modo de trabajar caracterizado por el respeto, la responsabilidad y el cuidado mutuo. En sus palabras, se percibía no solo calidad, sino también calidez: un estilo de relación que sostiene el trabajo, fortalece la comunidad educativa y da consistencia al proyecto.

El Colegio Agustiniano está considerado el tercer mejor colegio concertado de Madrid, y el prior general señaló que, después de esta experiencia, comprende con mayor claridad las razones: la excelencia se construye desde dentro, con personas comprometidas y una cultura institucional sólida.

Fratellis: identidad agustiniana en la vida del centro

El encuentro con el responsable de pastoral y con el grupo Fratellis puso de relieve la dimensión espiritual y comunitaria del colegio.

La pastoral se vive como un eje integrador que acompaña a alumnos, educadores y familias, y que mantiene viva la identidad agustiniana. La existencia de grupos como Fratellis muestra que la propuesta educativa no se limita a la formación académica, sino que impulsa espacios de pertenencia, crecimiento interior y vida compartida.

Una visita que confirma y anima la misión

La visita de renovación del prior general a la Parroquia de la Consolación y al Colegio Agustiniano de Madrid dejó una impresión clara: la misión se sostiene cuando se cuida la comunidad.

En ambas realidades, fray Miguel Ángel Hernández percibió una fraternidad concreta, tejida en lo cotidiano, donde las generaciones se acompañan, las responsabilidades se comparten y la vida religiosa sigue ofreciendo un testimonio sereno y fecundo.

La Consolación y el Colegio Agustiniano aparecen así como dos espacios complementarios donde la Orden continúa sirviendo a la Iglesia con cercanía, calidad humana y espíritu de familia.

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