Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Cuba, entre la oscuridad y la esperanza: carta desde la misión de los agustinos recoletos

El prior de la comunidad de los Agustinos Recoletos en Cuba, fray Joseph Shonibare, comparte una carta-testimonio sobre la crisis que vive el país: escasez de alimentos y medicamentos, apagones, dificultades sociales y la misión de la Iglesia acompañando al pueblo con esperanza cristiana.
Joseph Shonibare

Fray Joseph Shonibare, Prior de la comunidad de los Agustinos Recoletos en Cuba, comparte en esta carta un testimonio directo sobre la realidad que vive el país. Desde la experiencia cotidiana de la misión, describe las dificultades que atraviesa el pueblo cubano —crisis energética, escasez de alimentos y medicamentos, tensiones sociales— y cómo los religiosos intentan sostener la esperanza cristiana acompañando a las personas más vulnerables.

Marzo de 2026, Año misionero Agustino Recoleto.

Queridos hermanos agustinos recoletos:

Algunos hermanos se han interesado por la situación en Cuba. Comparto aquí un breve testimonio de la realidad actual, tal como la percibo desde nuestra misión.

Nosotros, los frailes, estamos “bien” en lo material y en la salud. No pasamos las mismas estrecheces que la mayoría del pueblo cubano. Sin embargo, acompañar a un pueblo en crisis no permite que permanezcamos ajenos al desasosiego de la gente a la que servimos. La vida del cubano —especialmente la del más vulnerable— se ha convertido en una verdadera letanía de dificultades.

Los hospitales están gravemente desabastecidos: faltan jeringas, medicamentos básicos e incluso productos elementales de higiene. Las escuelas ya no funcionan a tiempo completo; hay menos profesores, horarios reducidos y menor asistencia de los alumnos. Los apagones de 15 o 16 horas al día se han vuelto parte de la vida cotidiana.

En los últimos tiempos, en nuestra zona, los teléfonos móviles y el acceso a internet funcionan menos de 6 horas diarias, lo que aumenta la sensación de aislamiento y dificulta la comunicación entre las personas, así como la angustia de quienes tienen enfermos en casa y temen necesitar llamar a un médico o al hospital en una emergencia durante la noche. No hace falta ser científico para saber que, en esta realidad actual, hay personas que están muriendo injustamente.

A esto se suma una crisis energética cada vez más profunda. No hay combustible en las gasolineras. Hace unas semanas, cuando todavía el gobierno lo vendía, se vendía en dólares, mientras los salarios siguen siendo en pesos cubanos. El resultado es un transporte prácticamente paralizado y un aumento constante en los precios de los alimentos, que para muchos se han vuelto inalcanzables.

La presión internacional de Trump sobre el petróleo agravó una situación que ya era difícil: en parte por unas restricciones económicas injustas de décadas que han condicionado el desarrollo del país y, en parte también, por la corrupción y por una estructura económico-política que, en definitiva, ha sido contraria al principio de subsidiariedad de la Doctrina Social de la Iglesia Católica.

En este contexto, resulta significativo que el propio presidente de Cuba, después de varias semanas negando que existieran conversaciones con Estados Unidos, reconociera públicamente el pasado lunes que hay negociaciones en curso. Este reconocimiento ha alimentado en muchos cubanos la esperanza de que pueda abrirse un camino hacia cambios que alivien la grave situación que vive el país. Estas negociaciones oficiales y no oficiales han dado lugar, en los últimos días, a una serie de cambios económicos: personas privadas pueden importar combustible; los municipios ya no dependen totalmente del gobierno central e incluso pueden gestionar negocios con cubanos en el extranjero, cosas inauditas en la historia cubana posrevolución.

Al mismo tiempo, el aparato de “Seguridad del Estado” continúa actuando. Hace unas semanas fueron detenidos y puestos en prisión preventiva dos jóvenes acusados de “subvertir el orden constitucional” por publicaciones en redes sociales. Ha habido presiones psicológicas contra personas a las que llaman “contrarrevolucionarios” por sus publicaciones en redes sociales o incluso por homilías de sacerdotes. Situaciones como esta alimentan el miedo, pero también despiertan gestos silenciosos de solidaridad entre muchos jóvenes y cubanos dentro y fuera del país.

Muchos dicen —y también dijeron nuestros obispos en enero—, Cuba «no necesita para nada más angustias ni dolor. No más sangre ni más lutos en las familias cubanas». Y también: «El riesgo de un caos social y de violencia entre los hijos de un mismo pueblo es real».

Es el grito de un pueblo cansado después de décadas de sacrificios y promesas incumplidas. Muchos esperan el fin de 67 años de un sistema que, para la mayoría de las personas aquí, sienten que les ha fallado.

Dentro y fuera de la isla esperan que llegue finalmente un cambio real que permita reconstruir el país con mayor libertad, responsabilidad y dignidad.

¿Qué hacemos nosotros, los frailes, en medio de esta realidad? Ante todo, mantener viva la esperanza cristiana. Intentamos acompañar al pueblo, con mucho respeto, a que todos vivamos con fe este Viernes Santo, seguros de que llegará el Domingo de la Resurrección.

En lo concreto, seguimos comprando y distribuyendo alimentos para algunas familias especialmente necesitadas. También recibimos y repartimos donaciones de medicamentos y otros productos enviados generosamente desde fuera del país. Gracias al apoyo fraterno de hermanos y personas de bien, estas pequeñas iniciativas han podido continuar y son, para muchas personas, un signo de que no han sido olvidadas.

Tratamos también de mantener el ritmo de las celebraciones litúrgicas y de los servicios pastorales, aunque cada vez resulta más difícil desplazarse por la falta de combustible. A pesar de todo, nuestras iglesias siguen siendo lugares donde la gente puede rezar, encontrarse y respirar un poco de esperanza.

Agradecemos profundamente el apoyo moral, espiritual y material que tantos hermanos están brindando, incluidos sus mensajes y oraciones. Su cercanía fraterna nos sostiene en esta misión que compartimos con el pueblo cubano.

Sigamos en comunión de oración, como escribió san Pablo:

«La esperanza no defrauda» (Rm 5,5).

A continuación, les ofrezco la Oración por el pueblo cubano, escrita el año pasado por los obispos de Cuba.

Fraternalmente en san Agustín, anunciando a Cristo donde podamos.

Fr. Joseph Shonibare, oar

ORACIÓN POR NUESTRO PUEBLO

Oh, Dios,
para quien nada hay imposible,
hoy venimos ante Ti.
Sabes que nuestra querida Patria
transita por tiempos muy difíciles
y que el cubano sufre, llora
y carece de lo esencial.

¡Necesitamos tu ayuda,
consuelo y fortaleza
Solos no podemos encontrar caminos
de armonía y convivencia fraterna.

Necesitamos de tu Espíritu Santo
para que nos asista en esos empeños
y para buscar soluciones sabias y verdaderas
a los graves y urgentes problemas que nos afligen como pueblo,
de modo que cambien nuestras condiciones de vida
y podamos ser felices en esta tierra nuestra.

Escucha, oh Padre santo,
los ruegos de la Santísima Virgen de la Caridad,
Madre de Jesucristo y de todos los cubanos, por estos sus hijos.

Atiende también los ruegos de este pueblo que te suplica
poniendo en Ti toda su esperanza.

† Amén.

*Oración escrita por los Obispos Cubanos.

Compartir:

Únete a nuestra newsletter