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II Domingo de Cuaresma: La Transfiguración del Señor

Reflexión para el II Domingo de Cuaresma (Mateo 17, 1-9). Descubre cómo la Transfiguración del Señor y la invitación de fray Jairo Orlando Soto Moreno nos guían en nuestro camino cuaresmal.
TRANFIGURACION II DOMINGO CUARESMA

La liturgia de la Palabra de este segundo domingo de Cuaresma nos presenta el relato de la transfiguración del Señor en el evangelio según san Mateo. Estamos en el ciclo litúrgico A. Los otros dos ciclos nos proponen los relatos de Marcos y Lucas respectivamente en que se narra el mismo acontecimiento (Mc. 9,2-10; Lc.9,28-36). De otra parte, la liturgia destina un día especial (6 de agosto) para reflexionar y celebrar la transfiguración.

En esta reflexión, leemos y reflexionamos este relato en la perspectiva cuaresmal dentro del camino que nos presenta la Palabra de Dios. No perdamos de vista que en el domingo anterior la liturgia nos presentó en el mismo evangelio de Mateo las tentaciones en el desierto como una opción de Jesús, y para nosotros, del camino elegido para realizar la misión que el Padre le encomendó y también para nosotros arribar a la pascua definitiva.

El relato del Evangelio que leemos en este día, tiene algunas expresiones propias en las que al fijarnos veremos la intención del autor en conducirnos a interiorizar y vivenciar el mensaje de la Palabra. Empecemos.

De entrada, Mateo nos ubica en una expresión temporal “seis días después”. Después que Jesús les anunciara las condiciones para ser discípulos suyos (Mt.16,24-28); y que también recuerda a Ex.24,13-16 cuando Moisés sube al monte Sinaí para sellar la alianza del Sinaí. Esta ubicación temporal y de lugar, el monte alto, nos coloca en un contexto de Alianza ya que Jesús asciende también a una montaña alta con tres testigos. La montaña alta, es el lugar privilegiado de la presencia de Dios. Se trata de un lugar espiritual. Separado del mundo y rodeado de la nube.

Mateo y Marcos coinciden los en usar la misma expresión para describir lo que pasa con Jesús, “se transfiguró si bien Lucas señala que es el rostro de Jesús el que cambia producto de la oración. Transfigurarse es indicar cómo todo el aspecto exterior de Jesús cambia y sus vestidos resplandecientes nos llevan a darnos cuenta que se trata de un cambio que abarca la misma identidad. Pero son resplandecientes. Iluminan como una nueva realidad. La naturaleza de Jesús se hace luminosa, transparente a los ojos de los discípulos. Es el misterio que se hace luminoso en la persona de Jesús.

Moisés y Elías que conversan con Jesús nos llevan a no perder de vista la revelación de Dios en el antiguo testamento por la ley y los profetas. Ya en el discurso del monte Jesús había afirmado que no ha venido a abolir la ley y los profetas sino a darles plenitud (cfr. Mt.5,17).

La edificación de las tiendas sugerida por Pedro recuerda la fiesta de los tabernáculos, las chozas que se construyen en el comienzo de las cosechas. Viene una nueva cosecha y esta vez diferente porque el sembrador ha sembrado la simiente del reino y se va a llegar a su plenitud. Relato anterior del primer anuncio de la pasión (Mt. 16,21-23).

Por eso, y en consecuencia, Pedro se dirige a Jesús con la expresión SEÑOR que es exclusiva de Mateo en este relato. Jesús es Señor porque nos ha adquirido a nosotros en su pasión, muerte y resurrección rescatándonos de la esclavitud del pecado (Ro.5,6-11).

La nube que aparece evoca una vez más la presencia de Dios en medio de su pueblo como guía en el desierto y como quien se manifiesta a Moisés en la Alianza. Es la nube luminosa que rompe todas las coordenadas humanas donde la lógica humana de manipular y manejar todo bajo control pierde cualquier referencia. Es la luminosidad de recobrar el sentido en la lógica de Dios que los cubre y se manifiesta iluminando las tinieblas humanas. Es la nube luminosa que cubre a todos los que se encuentran en el proceso de transfiguración (v.5), es decir participan de la gloria del Señor (Ex.24,16)

Pero más asombroso aún es el pequeño discurso del Padre: La proclamación de Jesús como el “Hijo amado”. El Siervo amado y elegido del Señor del profeta Isaías (Is. 44,2) y del salmo 2. A quien   además la voz desde la nube pronuncia un imperativo escuchadle”. Es la voluntad divina el imperativo bíblico por excelencia. Escuchar en términos bíblicos es también abrirse a la verdad, dar cabida en todo nuestro ser a Dios mismo, a su Hijo, que transfigurado nos muestra que es así como nosotros también seremos transfigurados por su presencia interior y transformante en cada uno de quienes lo acogen y siguen sus huellas.

El desenlace de la escena donde los discípulos se postran con temor reverencial en actitud de oración concluye con una acción y expresión de ternura y amor de Jesús “acercándose y tocándolos dijo: levantaos no temáis” que invita a la confianza absoluta en el Señor. Como un apéndice conclusivo, bajan del monte a la realidad terrena con la prohibición de mantener el secreto hasta cuando “el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.

El Papa Francisco en su mensaje cuaresmal de 2023 medita sobre esta escena y nos invita a subir al monte elevado con Jesús para vivir la experiencia cuaresmal y transformante de la ascesis  cuaresmal; dejarnos conducir como Pedro y los otros discípulos por Jesús para acoger plenamente el misterio de la salvación divina a un lugar desierto y elevado distanciándonos de las mediocridades y vanidades.

La meta y cumbre de nuestra vida es nuestra transfiguración personal y eclesial según el modelo de Jesús como meta final de la Alianza que el Señor hace con nosotros su pueblo elegido y que nos lleva a la verdadera tierra prometido.

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