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XXXII Aula Agustiniana de Educación 2026: humanizar la inteligencia artificial desde el corazón del carisma

La XXXII Aula Agustiniana de Educación 2026 reunió en España a más de 400 docentes para reflexionar sobre la inteligencia artificial desde la espiritualidad agustiniana. Ponencias, Eucaristía y clausura subrayaron la centralidad de la persona y el corazón docente ante los desafíos tecnológicos.
Aula Agustiniana OAR

La XXXII Aula Agustiniana de Educación 2026 ha reunido a más de 400 docentes de los colegios de la Familia Agustiniana en España en torno a un desafío común: integrar la inteligencia artificial en la escuela sin perder la identidad, la profundidad y el corazón pastoral que caracterizan la misión educativa agustiniana.

Primera jornada: interioridad y tecnología con sentido

La inauguración, el 21 de febrero, estuvo marcada por las palabras de Hna. Ana María Guantay, superiora general de las Agustinas Misioneras. En un contexto cultural profundamente atravesado por la aceleración tecnológica, subrayó que este momento representa “una oportunidad muy valiosa” para la educación agustiniana.

Lejos de plantear la inteligencia artificial como amenaza, la presentó como provocación y desafío. La clave —afirmó— es no perder la raíz: la interioridad, el encuentro y la comunidad. En un mundo marcado por la hiperconectividad y la exterioridad constante, el pensamiento de san Agustín ofrece un anclaje sólido: volver al corazón para vivir arraigados en este tiempo.

La religiosa insistió en una dinámica pedagógica esencial: maestros y alumnos caminan juntos. “Nosotros solos no lo vamos a hacer”. La relación educativa se entiende como proceso mutuo de aprendizaje, donde la humildad y la comunión fortalecen la identidad agustiniana.

Tecnología con hoja de ruta

En la misma jornada intervinieron Tirso Maldonado y César Poyatos, aportando una reflexión complementaria desde el ámbito de la innovación educativa.

Maldonado advirtió del error de implantar tecnologías sin una transformación real de procesos y mentalidades. La inteligencia artificial no puede tratarse como un simple buscador; requiere comprensión profunda, formación en el diseño de prompts y una estrategia clara centrada en las personas.

Por su parte, Poyatos insistió en que “prohibir no educa”. Frente al miedo, propuso alfabetización digital crítica, ética y segura. Señaló riesgos reales —desinformación, sesgos y desigualdad—, pero también el potencial de la IA para personalizar el aprendizaje, siempre con el docente como mediador insustituible.

La jornada concluyó con un concierto de la Escolanía del Escorial, que aportó un momento de belleza y contemplación, recordando que la educación integral incluye también la dimensión estética y espiritual.

Segunda jornada: Eucaristía, discernimiento y envío

El segundo día comenzó a las 20:30 horas con la celebración de la Eucaristía, presidida por fray Carlos González Castellanos, OAR, prior provincial de la Provincia San Nicolás de Tolentino, junto a una veintena de sacerdotes.

La celebración fue acción de gracias por el encuentro, súplica por la apertura de los colegios a las nuevas tecnologías y memoria agradecida de los educadores que han precedido en la misión agustiniana en España.

En su homilía, fray Carlos situó el Aula en clave cuaresmal: conversión, interioridad y superación de las tentaciones. Recordó que el verdadero progreso nace del corazón y que la prudencia —no la exhibición ni el riesgo innecesario— es camino seguro ante los desafíos. Oración, ayuno y limosna fueron presentados como “alas” que elevan la vida espiritual y sostienen cualquier renovación auténtica.

Inteligencia artificial y corazón pastoral

La reflexión académica continuó con la ponencia de Charo Fernández Aguirre, quien desplazó el foco hacia la dimensión antropológica y pastoral. La inteligencia artificial puede asistir, organizar y optimizar procesos, pero no puede sustituir el acompañamiento humano.

Educar es acompañar, discernir y sostener. La tecnología interpela el corazón docente, pero no lo reemplaza. La clave no es optar entre persona o herramienta, sino formar criterio para pensar con la tecnología y sobre la tecnología.

Clausura: la persona en el centro

La clausura estuvo a cargo de fray Antonio Carrón de la Torre, OAR, consejero general y responsable de la Red Educar. En un momento histórico en el que la Iglesia reflexiona activamente sobre la inteligencia artificial, recordó que la persona debe permanecer siempre en el centro.

Propuso tres líneas claras: educar para la IA (competencia ética y crítica), educar sobre la IA (comprender su funcionamiento) y educar con la IA (integrarla pedagógicamente). Siempre evitando absolutizar la herramienta y reafirmando que el fundamento de la misión educativa cristiana es Jesucristo.

Innovar sin perder el alma

La XXXII Aula Agustiniana de Educación 2026 ha mostrado que es posible conjugar innovación y tradición, técnica y trascendencia, competencia profesional y corazón pastoral.

La inteligencia artificial plantea retos inéditos. Pero la respuesta no es el miedo ni la fascinación ingenua, sino el discernimiento. En las aulas agustinianas, el futuro no se construye solo con algoritmos, sino con educadores que creen en cada alumno como persona única, llamada a la verdad y al bien.

Humanizar la tecnología desde el corazón del carisma: ese ha sido el horizonte compartido.

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