La segunda jornada de la XXXII Aula Agustiniana de Educación 2026 comenzó a las 20:30 horas con la celebración de la Eucaristía, presidida por fray Carlos González Castellanos, OAR, prior provincial de la Provincia San Nicolás de Tolentino.
En la celebración participaron al menos 20 sacerdotes y los más de 400 docentes de los colegios de la Familia Agustiniana en España que están tomando parte en este encuentro formativo. La Misa fue ofrecida en acción de gracias por el Aula Agustiniana, pidiendo al Señor la apertura de los colegios a las nuevas tecnologías y recordando con gratitud a los educadores que han precedido en la misión educativa agustiniana en nuestro país.
Cuaresma: tiempo de conversión y aprendizaje del Maestro
En su homilía, fray Carlos situó la celebración en el marco de la Cuaresma, iniciada el pasado Miércoles de Ceniza. Recordó que este tiempo litúrgico es, ante todo, una invitación a la conversión. No porque sea una novedad en la vida cristiana, sino porque la Iglesia nos pide intensificarla como camino hacia la Pascua.
El modelo y compañero de este itinerario es el Maestro Jesús. Convertirse implica aprender de su manera de pensar, de sentir y de actuar. Jesús presentó un proyecto de vida —las Bienaventuranzas— como camino de felicidad fundado en la caridad. Su corazón compasivo y misericordioso, capaz de empatía y servicio, se convierte en referencia para todo educador cristiano.
“Pasó haciendo el bien”, recordó el prior provincial. Esa es la medida del discípulo: afirmar todo lo que da vida y eliminar aquello que hiere o destruye.
El desierto como regreso al corazón
Otro eje central de la homilía fue la invitación a “ir al desierto”, entendiendo este no como un espacio físico, sino como regreso a la interioridad. En clave agustiniana, el corazón es la casa de los valores, el lugar donde el Maestro interior educa y conduce.
San Agustín —evocado explícitamente— enseñó la sabiduría de la interioridad: vivir desde la conciencia, con un manejo responsable de los sentimientos y una libertad orientada al bien. Desde ahí brota una vida que crece y da fruto.
La Cuaresma, señaló fray Carlos, es también tiempo de reforzar la relación con Dios mediante la oración. Siguiendo la tradición agustiniana, recordó que la oración se eleva con dos “alas”: el ayuno y la limosna. Humildad, caridad, perdón y templanza acompañan este ejercicio espiritual que transforma el corazón.
Superar las tentaciones con prudencia
La homilía abordó asimismo la realidad de la tentación, presente en la vida de todo creyente. Jesús no eliminó la tentación, pero mostró el camino para superarla: permanecer en la voluntad del Padre.
El prior provincial evocó las tres tentaciones simbólicas del Evangelio: el deseo de comodidad sin esfuerzo, la ilusión de independencia de Dios y la tentación del poder que impone la propia visión sin diálogo. Superarlas exige encuentro con Dios, gracia y discernimiento.
A modo pedagógico, compartió una parábola sencilla: un anciano sabio debía elegir chofer entre cuatro candidatos. Tres presumieron de su habilidad conduciendo al borde del precipicio; el cuarto aseguró que se mantendría lo más lejos posible del barranco. Fue este último el elegido. La prudencia —no la exhibición— es la actitud madura ante el riesgo.
Acción de gracias y envío
La celebración con el agradecimiento del Provincial a todos los profesores que comparten nuestro carisma en las aulas y les pidió seguir anunciando a Cristo dondequiera que puedan.
En el contexto del Aula Agustiniana, este envío misionero es un gesto de acción de gracias y de responsabilidad para los docentes. La apertura a las nuevas tecnologías y a los desafíos educativos actuales no puede desligarse de una raíz espiritual sólida. Innovar sin interioridad sería arriesgarse al precipicio; integrar tecnología y fe desde el corazón es caminar con prudencia.
La Eucaristía, centro y culmen de la jornada, recordó a todos los participantes que la renovación pedagógica comienza en la conversión personal. Solo desde un corazón habitado por Dios puede nacer una educación que transforme vidas.


