La XXXII Aula Agustiniana de Educación 2026 continuó su programa con la intervención del profesor César Poyatos, docente de Tecnología Educativa en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y especialista en innovación pedagógica. Su ponencia, titulada “La inteligencia artificial generativa en el ámbito educativo”, ofreció una reflexión rigurosa sobre oportunidades, riesgos y criterios de integración de la IA en las aulas.
Doctor en Educación y con una amplia trayectoria como profesor de Secundaria, asesor pedagógico y formador en instituciones académicas de referencia, Poyatos abordó la cuestión con una premisa clara: la inteligencia artificial no debe ser ni idealizada ni demonizada, sino comprendida críticamente.
Prohibir no educa
Uno de los mensajes centrales de su intervención fue rotundo: “Prohibir no educa”. Ante la expansión de herramientas de IA generativa entre el alumnado, la respuesta no puede ser únicamente restrictiva.
El verdadero desafío —explicó— es la alfabetización digital y el desarrollo de la competencia digital del estudiantado. Esto implica enseñar un uso ético, responsable y seguro de la tecnología, siempre orientado a un fin pedagógico claro.
Comprender cómo funcionan estos sistemas, cuáles son sus límites y qué sesgos pueden incorporar es parte esencial del proceso educativo. La IA no puede presentarse como fuente absoluta de verdad, sino como herramienta que requiere discernimiento. En esta tarea, el acompañamiento del profesorado y de las familias resulta decisivo.
Riesgos reales: desinformación, sesgos y desigualdad
Poyatos advirtió también de los riesgos asociados al uso acrítico de la inteligencia artificial generativa. Entre ellos, destacó tres especialmente relevantes en el ámbito educativo:
Desinformación, debido a la capacidad de generar contenidos plausibles pero inexactos.
Sesgos algorítmicos, que pueden reproducir prejuicios presentes en los datos de entrenamiento.
Desigualdad, en la medida en que el acceso desigual a estas tecnologías puede ampliar la brecha educativa.
Estos riesgos no invalidan la herramienta, pero exigen una formación sólida. El docente no pierde protagonismo; al contrario, se convierte en mediador imprescindible para enseñar a evaluar críticamente los resultados que ofrece la IA.
La personalización como oportunidad pedagógica
Frente a los riesgos, la inteligencia artificial abre posibilidades pedagógicas de gran alcance, especialmente en el ámbito de la personalización del aprendizaje.
Poyatos matizó una idea fundamental: la IA no personaliza por sí sola. Es el docente quien, apoyado por la herramienta, puede adaptar la enseñanza a las necesidades concretas de cada estudiante.
Entre las aplicaciones prácticas destacó:
La adaptación de la carga cognitiva de ejercicios y tareas.
La generación de contenidos en múltiples formatos (texto, audio, vídeo, presentaciones) para atender distintos estilos de aprendizaje.
El apoyo en el diseño de instrumentos de evaluación.
La posibilidad de anticipar dificultades de aprendizaje en determinadas áreas.
La IA, en este sentido, puede convertirse en un recurso estratégico que amplíe la capacidad del docente para acompañar procesos individuales sin renunciar a la dimensión comunitaria del aula.
Integrar, no aislar
La reflexión final apuntó a una cuestión de fondo: la competencia digital no puede tratarse como un añadido marginal o una asignatura aislada. Debe integrarse transversalmente en el currículo y en la cultura escolar.
En coherencia con el espíritu de la Aula Agustiniana, la tecnología no se plantea como sustitución del educador, sino como instrumento al servicio de una formación integral. La clave no está en la fascinación tecnológica, sino en su integración crítica y pedagógica.
La inteligencia artificial generativa ha llegado para quedarse. La cuestión no es si debe entrar en las aulas, sino cómo hacerlo con responsabilidad, competencia y sentido educativo.


