La Orden de Agustinos Recoletos vivió el domingo 18 de enero una jornada especialmente significativa en Sos del Rey Católico (Zaragoza): la Eucaristía de acción de gracias y despedida en el convento y santuario de Nuestra Señora de Valentuñana, tras 124 años de presencia ininterrumpida. Con este gesto, y en cumplimiento de una decisión del capítulo de la Provincia de Nuestra Señora de la Candelaria, la comunidad entregó el conjunto a la diócesis de Jaca, en un clima de fe, gratitud y comunión eclesial.
La celebración congregó a numerosos fieles de Sos y de localidades cercanas, junto a autoridades civiles de la comarca, como signo del vínculo tejido durante generaciones en torno a Valentuñana, lugar de oración, acompañamiento y vida sacramental.
Una Eucaristía multitudinaria, signo de comunión y gratitud
La misa estuvo presidida por el obispo de Jaca, Mons. Pedro Aguado Cuesta, y concelebrada, entre otros, por el cardenal José Luis Lacunza, el prior general de la Orden, fray Miguel Ángel Hernández Domínguez, el provincialde la Provincia de Nuestra Señora de la Candelaria, fray José David Niño Gómez, y más de 30 religiosos y sacerdotes.
En su homilía, el obispo expresó el sentir compartido de la Iglesia local:
“Hay muchas cosas, muchos sentimientos, pero sobre todo hay ganas de agradecer a Dios por la presencia de los padres agustinos recoletos en esta casa y en este santuario”.
Recordó también la larga historia de servicio y misión:
“La orden llegó a Sos en 1902. Han sido, por lo tanto, 123 años de vida, de misión, en el anuncio de la fe”.
“Han estado aquí para hablar de Cristo”
Mons. Aguado situó la entrega vivida en Valentuñana en el horizonte del Evangelio y del servicio eclesial. Con una referencia directa a san Juan Bautista, resumió la clave de una presencia fecunda: preparar caminos para el Señor. Por eso afirmó con claridad:
“Esta y no otra ha sido la misión de los padres Agustinos Recoletos en esta casa… No han estado aquí para hablar de ellos mismos… Han estado aquí para hablar de Cristo”.
Y añadió una síntesis de la identidad sacerdotal que ilumina también la vida religiosa:
“Un sacerdote consiste en anunciar el Evangelio, acompañar la fe de la gente y vivir de tal modo que quienes se acerquen comprendan la razón de su vida”.
Reconocimientos civiles y eclesiales a una presencia que deja huella
Durante la celebración se multiplicaron los gestos de agradecimiento. La alcaldesa de Sos del Rey Católico, María José Navarro Lafita, acompañada por alcaldes de municipios cercanos, entregó a la comunidad la medalla de oro de la localidad, el mayor reconocimiento institucional del municipio.
También la diócesis quiso expresar públicamente su gratitud. Al final de la Eucaristía, el obispo entregó al prior general una reproducción en plata del Crismón de la catedral de Jaca, como símbolo del servicio prestado durante décadas a la Iglesia diocesana.
Valentuñana, santuario mariano y semillero de misión
En su homilía, el obispo destacó el carácter profundamente mariano del lugar:
“Valentuñana es un santuario mariano… Al menos desde el siglo X ya hay datos de la devoción… a la Virgen María”.
Y subrayó la riqueza espiritual de un espacio donde se ama a María, escuela de fe para el pueblo cristiano. En ese contexto, recordó que la comunidad recoleta no solo sostuvo la vida pastoral local, sino que fue también ámbito de formación y envío misionero:
“Han sido muchos, muchísimos, los Padres Agustinos Recoletos que se han formado aquí y que luego han sido misioneros… sobre todo en el continente americano”.
La palabra del prior general: “No lo hacemos con nostalgia, sino con la libertad evangélica”
En nombre de la Orden, el prior general, fray Miguel Ángel Hernández, elevó una acción de gracias “serena y confiada”, evocando la vida escondida y fecunda de tantos religiosos:
“Damos gracias… por los pasos silenciosos de tantos religiosos que sin ruido entregaron aquí su vida”.
Y ofreció la clave con la que la comunidad quiso vivir este momento:
“Al despedirnos de esta residencia no lo hacemos con nostalgia, sino con la libertad evangélica de quien sabe que nada es definitivo, si no es el amor de Dios”.
Desde esa libertad, reafirmó la continuidad del carisma allí donde la Iglesia llame:
“La historia continúa y el carisma recoleto sigue vivo allí donde la Iglesia nos necesite”.
La intervención concluyó con una súplica confiada a la Virgen:
“Virgen Santa de Valentuñana… sigue bendiciendo a tus hijos recoletos… y no dejes de acoger bajo tu amparo a todos los devotos que se acercan a este santuario”.
Una despedida que abre camino
La despedida de Valentuñana marca el cierre de una etapa histórica y, al mismo tiempo, reafirma lo esencial: la misión permanece. Como recordó el obispo, “una Eucaristía esencialmente es una acción de gracias”, y así se vivió este día: dando gracias por el bien recibido y sembrado, por la fe acompañada y por la vida entregada.
Encomendados a Nuestra Señora de Valentuñana, los Agustinos Recoletos ponen este paso en manos de Dios y miran al futuro con esperanza, convencidos de que solo el amor de Dios permanece y guía la historia.


