El Prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, P. Miguel Ángel Hernández, visitó del 16 al 18 de febrero las comunidades de Pamplona: Santa Mónica (Beloso), la parroquia de Nuestra Señora de la Paz y el Monasterio de la Purísima Concepción de las Agustinas Recoletas, subrayando la fecundidad de la vida consagrada en todas sus etapas.
El Prior general visita las comunidades agustino recoletas de Pamplona
Del 16 al 18 de febrero, el Prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, P. Miguel Ángel Hernández, realizó la visita pastoral a las comunidades agustinas recoletas de Pamplona: la casa Santa Mónica (Beloso), la parroquia de Nuestra Señora de la Paz y el Monasterio de la Purísima Concepción de las Agustinas Recoletas. Tres presencias complementarias que expresan la riqueza de la vida agustino-recoleta: el cuidado de los hermanos mayores, el dinamismo pastoral parroquial y la fuerza silenciosa de la vida contemplativa.
Santa Mónica (Beloso): la misión que se hace intercesión
La comunidad de Santa Mónica acoge a frailes mayores y asistidos, religiosos que han entregado su vida en parroquias, colegios, misiones y diversas responsabilidades de la Orden. En su encuentro con ellos, el Prior general quiso agradecer explícitamente esa historia de fidelidad acumulada durante décadas.
«Una casa como esta no es simplemente un lugar de residencia; es un lugar sagrado», afirmó, subrayando que allí se recoge una larga trayectoria de entrega al servicio del Evangelio y de la Orden.
Lejos de entender esta etapa como un tiempo pasivo, el P. Miguel Ángel recordó que la fecundidad de la vida religiosa no se mide por la actividad externa, sino por la unión con el Señor. Cuando las fuerzas disminuyen, explicó, puede crecer la interioridad; cuando el ritmo baja, el corazón puede ensancharse.
En este sentido, animó a los frailes a vivir esta etapa como una auténtica misión de intercesión: oración por las vocaciones, por los jóvenes en discernimiento, por los misioneros y por las comunidades que atraviesan momentos complejos «La vida consagrada no tiene jubilación; cambia de forma, pero no pierde sentido», les recordó
Nuestra Señora de la Paz: tradición, caridad y un fuerte impulso juvenil
La parroquia de Nuestra Señora de la Paz, atendida por cuatro religiosos, todos ellos de edad avanzada, constituye un referente pastoral en la diócesis de Pamplona, especialmente en el ámbito juvenil.
Durante la visita, el Prior general presidió la Eucaristía del Miércoles de Ceniza, compartiendo con la comunidad parroquial el inicio de la Cuaresma. Aunque el programa no incluyó encuentros específicos con grupos, pudo constatar la vitalidad de esta presencia eclesial.
Uno de los rasgos más significativos es el grupo scout católico, con cerca de 300 integrantes procedentes de distintos puntos de Pamplona. Se trata de una tradición consolidada en la parroquia, reconocida en la diócesis por su organización y compromiso. En las convivencias y campamentos colaboran también sacerdotes diocesanos, que acompañan a los jóvenes en aquellas actividades que requieren mayor esfuerzo físico.
Junto a esta dimensión juvenil, la parroquia mantiene una intensa acción caritativa a través de Cáritas, que atiende a unas 14 familias, así como tres grupos de matrimonios que fortalecen la pastoral familiar. Cada domingo, un número significativo de fieles participa en la celebración de la fe, configurando una comunidad viva y arraigada.
En este contexto, la parroquia de la Paz aparece como un signo elocuente de continuidad: religiosos mayores que, con generosidad y experiencia, sostienen una comunidad donde florece la juventud y la vida cristiana.
La Purísima Concepción: la fuerza silenciosa de la clausura
La visita incluyó también un encuentro con la comunidad del Monasterio de la Purísima Concepción de las Agustinas Recoletas. En la vida contemplativa de estas hermanas se expresa otra dimensión esencial del carisma agustino-recoleto: la búsqueda de Dios en comunidad, desde el silencio, la liturgia y la oración constante por la Iglesia y el mundo.
El diálogo fraterno permitió compartir inquietudes y esperanzas, en comunión con la Orden y con la Iglesia diocesana. La presencia del Prior general quiso ser un signo de cercanía y unidad, recordando que la clausura no aísla, sino que ensancha el corazón para abrazar espiritualmente las necesidades del Pueblo de Dios.
Una misma misión, diversas expresiones
La visita pastoral a Pamplona ha puesto de relieve la complementariedad de estas tres comunidades: los frailes mayores que sostienen la misión con su oración en Santa Mónica; la parroquia que conjuga tradición, caridad y una notable presencia juvenil; y el monasterio contemplativo que custodia la dimensión orante del carisma.
En todas ellas late una misma vocación: vivir el Evangelio según el espíritu de san Agustín y servir a la Iglesia desde la comunión y la interioridad. La presencia del Prior general ha sido, ante todo, un gesto de gratitud y de confirmación: agradecer lo sembrado durante años y animar a seguir ofreciendo, en cada etapa de la vida, un “sí” renovado al Señor.


