En este Octavario por la Unidad de los Cristianos, Fray Enrique Eguiarte nos acompaña con siete claves de san Agustín para comprender y vivir una unidad que no uniforma, sino que integra los dones y carismas en la comunión.
Unidad de los cristianos: san Agustín y el respeto a la diversidad en la Iglesia
La unidad para san Agustín no quiere decir uniformidad, es decir que todos estén “cortados por el mismo molde”. Se trata de que cada uno en la comunidad de la Iglesia pueda aportar la riqueza del don y del carisma que ha recibido. Que se pueda distinguir entre los elementos esenciales en los que debe existir la unidad, y los elementos accidentales o secundarios en los que pueda existir la libertad. Por ello san Agustín comparaba a la Iglesia con una tela, en la que hay hilos de diversos colores, y a pesar de la variedad de los colores, la unidad no se rompe, sino que la variedad enriquece la unidad. Y en esta unidad —sigue diciendo san Agustín continuando con su ejemplo de la tela—, los hilos fuertes sostienen a los hilos más débiles, todo sin romper la unidad (cf. adn. Iob 38). Nadie debe separase de la Iglesia, sino que debe aportar su propio don y su propio carisma enriqueciendo a los demás, y dejándose edificar por los demás. Así la Iglesia unida se transforma en una Schola amoris, en una Escuela de amor, donde los unos aprendemos de los otros y nos enriquecemos mutuamente, creciendo juntos hacia Dios.



