Los tiempos somos nosotros: una mirada agustiniana para iniciar 2026
“«Malos tiempos, tiempos fatigosos» —así dicen los hombres—. Vivamos bien, y serán buenos los tiempos. Los tiempos somos nosotros; como somos nosotros, así son los tiempos” (Sermón 80).
Con estas palabras, san Agustín desmonta una queja que atraviesa generaciones. No niega la dificultad ni el cansancio de la historia, pero desplaza el centro del problema: los tiempos no son una realidad ajena que simplemente padecemos; los tiempos se configuran desde la vida concreta de las personas. Al iniciar el año 2026, esta afirmación nos interpela directamente y nos invita a revisar la actitud con la que comenzamos un nuevo tramo del camino.
Desde la espiritualidad agustiniana, proponemos tres actitudes para vivir bien y, así, comenzar a transformar nuestros tiempos.
1. Volver al interior: empezar el año desde dentro
San Agustín insistió una y otra vez en la necesidad de la interioridad:
«No salgas fuera; vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la verdad» (De vera religione, 39,72).
Comenzar un nuevo año no es solo fijar metas externas o planificar actividades. Es, ante todo, un ejercicio de retorno al corazón. La prisa, el ruido y la sobreexposición terminan vaciando el sentido de nuestras decisiones. Vivir bien implica aprender a escucharnos delante de Dios, discernir desde el silencio y permitir que la verdad habite nuevamente nuestro interior.
Un año que nace sin interioridad corre el riesgo de ser solo una repetición acelerada del anterior.
2. Ordenar los amores: decidir qué lugar ocupa lo esencial
Para san Agustín, el problema no es amar, sino amar desordenadamente. Vivir bien significa aprender a colocar cada realidad en su justo lugar.
Cuando lo secundario se vuelve absoluto, el corazón se dispersa y la vida pierde dirección.
Iniciar el año 2026 desde esta clave implica preguntarnos: ¿qué ocupa hoy el centro de mi vida?, ¿qué energías estoy entregando a lo que no construye?, ¿qué amores necesitan ser purificados?
Ordenar los afectos no empobrece la vida; la libera. Y un corazón libre genera tiempos más humanos, más justos y más esperanzados.
3. Vivir con esperanza activa: no resignarnos a “malos tiempos”
San Agustín no propone una espiritualidad ingenua ni evasiva. Vivir bien no es cerrar los ojos ante la realidad, sino asumirla con esperanza. Como recuerda la Escritura:
«La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones» (Rom 5,5).
La queja permanente paraliza; la esperanza cristiana moviliza. Al comenzar este nuevo año, estamos llamados a no instalarnos en el discurso del desencanto, sino a ser protagonistas de pequeños gestos de bien, justicia y reconciliación. Ahí comienza el cambio de los tiempos.
Vivir bien para transformar los tiempos
El año 2026 no será distinto solo porque cambie el calendario. Será distinto si cambiamos nosotros. San Agustín nos recuerda que la historia no se transforma primero desde los grandes discursos, sino desde la conversión cotidiana del corazón.
Vivir bien —con interioridad, orden y esperanza— no es un ideal abstracto: es una responsabilidad concreta. Porque, al final, los tiempos somos nosotros.



