Conversión, gracia y un corazón inquieto
Iago Silva, coordinador del retiro, abrió las formaciones presentando el sentido de la experiencia dentro del camino de fe y de la maduración cristiana de la precomunidad. La invitación fue a vivir aquellos días con apertura y compromiso.
A continuación, Rafael Sanches abordó el tema del pecado. La reflexión condujo a una dinámica centrada en el reconocimiento de aquello que aleja de Dios y en la necesidad de recorrer un camino de conversión.
El sábado permitió profundizar ese itinerario a partir de otras dimensiones de la vida cristiana. La hermana Evanilda Coelho habló sobre el amor de Dios, mientras que Jersulino Barros desarrolló el tema de la salvación en Jesús y destacó la importancia de la oración.
La figura de san Agustín también ocupó un lugar central. Una presentación teatral mostró su proceso de conversión y, posteriormente, Cristiano Alves condujo la formación «Corazón Inquieto», compartiendo su experiencia y reflexionando sobre la búsqueda incesante de Dios a partir del camino del santo de Hipona.
Durante la tarde, Fábio Luz retomó la reflexión sobre el pecado a partir de la gracia y de la misericordia de Dios. Una dinámica permitió a los participantes profundizar de manera práctica esa relación entre fragilidad, conversión y gracia.
La fe también se aprende en los vínculos
Uno de los momentos más significativos del sábado fue dedicado a la familia. La formación propuso mirar la experiencia familiar a partir de los valores de la espiritualidad agustiniana y de su llamada a construir relaciones marcadas por el amor y por la comunión.
Después, cada joven recibió una carta escrita previamente por su familia, acompañada de un objeto ligado a su memoria afectiva. A continuación, padres y responsables entraron en el espacio del retiro, favoreciendo un encuentro que buscó fortalecer los vínculos familiares y acompañar también por medio de ellos el crecimiento en la fe.
El itinerario continuó con Larissa Camapum, que presentó el tema de los Sacramentos y su lugar en una vivencia cristiana consciente, con especial atención a los efectos santificadores de la gracia.
Mabel Albuquerque condujo posteriormente la formación sobre el Espíritu Santo, destacando su acción como guía y fuente de fortalecimiento para el camino de fe.
El día terminó también en clima de convivencia. Divididos en grupos, los jóvenes participaron en la tradicional «Noche del Esquisito», preparando diferentes presentaciones antes de un nuevo momento de alabanza, de la cena y de la oración de la noche.

De la formación recibida al servicio compartido
El domingo llevó la experiencia vivida a su dimensión comunitaria y misionera. Lael Hugo abrió el último día con la formación «Trabajador de la Ciudad de Dios».
A continuación, Aleçandro Santana presentó la historia, el ejemplo y el legado de san Agustín. Fabrícia Vieira cerró el bloque formativo con una reflexión sobre la fraternidad agustiniana, resaltando la importancia de la convivencia, de la comunión y de la vida en comunidad.
La clausura reunió canciones agustinianas, el himno de la JAR, los agradecimientos de la coordinación y un espacio en el cual los participantes pudieron compartir sus testimonios sobre la experiencia vivida.
Todas las formaciones y charlas fueron conducidas por antiguos integrantes de la JAR. La participación de ellos añadió una dimensión particular al encuentro: jóvenes que anteriormente habían recorrido ese proceso asumieron ahora el servicio de colaborar en la formación de otros jóvenes.
Tras el almuerzo, los participantes regresaron a sus casas. Terminaban tres días de retiro, pero continuaba el camino que el «Toma y Lee» procuró fortalecer: una fe alimentada por la interioridad, que crece en comunidad y es llamada a transformarse en vida compartida.





