Educar como misión: una presencia que transforma
En el corazón del archipiélago de Marajó, en la ciudad de Breves, la Escuela Santa Mónica cumple dos décadas de historia marcada por una convicción clara: educar es transformar vidas. Acompañada por los Agustinos Recoletos, la institución ha crecido como mucho más que un centro educativo: es un espacio donde la fe, el conocimiento y la dignidad humana se encuentran.
Celebrar estos 20 años, en coincidencia con la conversión de Agustín de Hipona, no es solo recordar el pasado, sino renovar el compromiso con una educación que no se queda en los contenidos, sino que busca tocar el corazón.

Un escudo para la infancia y un futuro posible
En una región marcada por desafíos sociales, la escuela se ha convertido en un verdadero “escudo” para niños y jóvenes. Actualmente, acompaña a 1.647 alumnos, distribuidos entre educación infantil, enseñanza fundamental y programas de inclusión.
La apuesta por una educación inclusiva —que acoge a más de 170 estudiantes— refleja una visión profundamente evangélica: nadie queda fuera. Cada alumno es reconocido en su dignidad y acompañado en su proceso de crecimiento.
Este trabajo se sostiene gracias al compromiso de docentes y colaboradores que, inspirados en la pedagogía agustiniana, entienden la enseñanza como un acto de amor que libera y construye futuro.
Formar personas: el corazón de la educación agustiniana
La propuesta educativa de la Escuela Santa Mónica va más allá del aula. Con el apoyo de la Provincia y de ARCORES Brasil, se desarrollan iniciativas que buscan formar integralmente a los alumnos:
- Jiu-jitsu: disciplina y resiliencia
- Huerta comunitaria: sostenibilidad y conciencia ecológica
- Club de ajedrez: pensamiento crítico y estrategia
Estos proyectos no son actividades complementarias, sino parte de una visión que entiende la educación como formación del corazón, de la inteligencia y de la vida.

Una historia que sigue dando fruto
En estos 20 años, la Escuela Santa Mónica ha confirmado que educar es sembrar esperanza. Cada alumno representa una historia en construcción, una posibilidad abierta, un futuro que comienza a tomar forma.
La presencia de los frailes, junto al compromiso de toda la comunidad educativa, hace visible una Iglesia que no solo anuncia, sino que acompaña, cuida y transforma.
Hoy, más que celebrar un aniversario, la comunidad celebra un camino compartido: una misión que continúa, una esperanza que permanece y una certeza que se renueva cada día.


