Las Agustinas Recoletas contemplativas tienen a su lado uno de los caminos ferroviarios más transitados en el mundo, aunque el tren protagonista de este intercambio de vidas y sueños en realidad es de mercancías y se llama La Bestia. Son los millares de inmigrantes hispanos que luchan por llegar a Estados Unidos para tener una vida mejor.
El Monasterio de San José de las Agustinas Recoletas contemplativas de Papalotla, en el Estado de México está situado muy cerca de Texcoco, una de las paradas habituales de La Bestia. Los inmigrantes aprovechan esa parada para bajarse y repartirse por los lugares vecinos para pedir ayuda y comida antes de seguir su rumbo al norte. Y prácticamente todos ellos han llegado hasta aquí después de sufrir asaltos o, en el caso de las mujeres, haber sido violadas y maltratadas.
A las puertas del monasterio llaman cada día personas de Guatemala, Nicaragua, Honduras y muchos otros países hispanos, también mexicanos del sur olvidado. Las monjas de vida contemplativa no se quedan extrañas y ajenas a la situación de estos hermanos y hermanas y participan con lo que pueden en el descanso y atención a los necesitados: comida, ropa, zapatos, un lugar de descanso con seguridad… En el monasterio, en cualquier monasterio de vida de clausura, normalmente nunca sobra nada; pero las monjas no cejan en su empeño de proporcionar un testimonio de solidaridad cristiana en la medida de sus posibilidades.
La Bestia ha sido durante mucho tiempo el principal medio de transporte dentro de México de miles de personas que deben cruzar el país desde Chiapas hasta la frontera norte con Estados Unidos. En los últimos meses el endurecimiento de la vigilancia les ha obligado a dividirse en rutas dispersas, pero siempre con los mismos riesgos graves.
Son fundamentalmente habitantes de Centroamérica que no solo huyen de la pobreza y la falta de oportunidades de futuro en su tierra, sino también de la violencia social impuesta por los cárteles del narcotráfico, las bandas juveniles y los gobiernos corruptos. En La Bestia cruzan todo México: Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Puebla, Estado de México, Jalisco, Sinaloa y Sonora hasta Baja California, al noroeste del país y fronterizo con California.
Estos riesgos incluyen asaltos y secuestros por parte de bandas mafiosas, violaciones y abusos sexuales, violencia y corrupción policial y de los agentes de inmigración, hambre y sed. Los migrantes no son solamente adultos varones, sino que también hay gran cantidad de mujeres y niños, y bastantes de los menores de edad hacen el camino solos, no acompañados.
En total, estas personas hacen más de 3.000 kilómetros desde la frontera con Guatemala hasta la de Estados Unidos. Los primeros 300 kilómetros deben hacerlo a pie y son los momentos más peligrosos del camino, hasta que llegan a Arriaga, aún en Chiapas, pero ya en la frontera con Oaxaca. Ahí es donde se suben a los vagones de carga de La Bestia, ya sea al techo, ya a pequeñas plataformas anteriores o posteriores del vagón, muchas veces sin algo concreto a lo que agarrarse. Viajan con altas temperaturas durante el día, viento frío por la noche, y uno de sus sufrimientos más despiadados son los frecuentes ataques de abejas.
El tren sigue hacia Ixtepec (Oaxaca), Piedras Negras (Veracruz), Puebla y pasa por el este de la capital mexicana cruzando el Estado de México, concretamente por Texcoco. Es en esta parada donde algunos migrantes encuentran refugio en Papatotla, a 40 kilómetros de la estación de tren de Texcoco, distancia suficiente para alejarse de los peligros de las mafias, asaltantes y agentes corruptos que les esperan por todas partes a lo largo de la línea férrea.
Recientemente, el Departamento de Estudios Internacionales del Instituto Tecnológico Autónomo de México ha preparado un extenso informe donde expresa las principales recomendaciones para conseguir un tránsito más justo, humano y solidario con todos los migrantes que siguen rutas camino a Estados Unidos.
En las conclusiones del informe piden fortalecer o incluir el tema de la migración en tránsito en las agendas nacionales y espacios de discusión regional y global; mejorar las leyes, la transparencia, la información y la evaluación de la acción de gobierno vinculada a los migrantes; mejorar la gestión para que las autoridades generen confianza en las personas; y ampliar los procesos de documentación y asistencia a los migrantes.
Volvemos al titular, que ahora se entiende mejor: las monjas agustinas recoletas de Papalotla, junto con muchísimas instituciones y organizaciones eclesiales en diversos albergues y centros de acogida, son los auténticos ángeles sin alas para los viajeros de La Bestia.



