En un espacio donde a diario se cultivan sueños, nuevos comienzos y nuevas oportunidades de vida, con el apoyo de la UNESCO y la colaboración de otros colaboradores comprometidos, el Hogar Santa Mónica de los Agustinos Recoletos en Fortaleza (Brasil) ha completado con éxito la puesta en marcha de un nuevo proyecto de huerto comunitario en sus instalaciones.
Su estructura es sencilla: una serie de bancales preparados para la siembra. Sin embargo, las circunstancias específicas del aprendizaje y la situación particular de las beneficiarias del Hogar Santa Mónica dotan a esta sencillez de un nuevo y más profundo significados.
Las niñas y adolescentes acogidas en el Hogar Santa Mónica provienen de contextos sociales donde han sufrido abusos, abandono, violencia, cualquier tipo de vulneración de sus derechos o corren grave riesgo de sufrirlos. Las autoridades competentes han decidido alojarlos en el Hogar para que puedan superar estos graves problemas.
La huerta ofrece a las beneficiarias una experiencia concreta de cuidado, responsabilidad, comunidad y esperanza. Todo se realiza de forma participativa, desde la preparación del suelo y las semillas hasta el momento de la siembra, transformando la actividad en una acción educativa y terapéutica.
Acompañadas por el equipo técnico y los educadores, las beneficiarias con sus propias manos preparan los bancales, organizan los materiales y eligen las semillas que se convertirán en alimentos saludables. Entre regaderas, azadas, sonrisas y mucha dedicación, cada participante experimenta la alegría de construir algo colectivo y duradero.
En este huerto se pueden comprender los ciclos de la naturaleza, desarrollar hábitos alimenticios saludables y fortalecer valores como la paciencia, la perseverancia y la cooperación. Al fin y al cabo, cuidar una planta requiere de responsabilidad y atención diaria, respeto por los tiempos de crecimiento y maduración, así como la confianza de que el esfuerzo de hoy dará sus frutos mañana.
Para muchas de las mujeres que allí se refugian, con historias marcadas por la violencia, el abandono o la vulnerabilidad, el contacto con la tierra y el cultivo de la vida tienen una dimensión simbólica. Las semillas sembradas en la tierra necesitan cuidados para germinar; y, del mismo modo, cada beneficiaria del Hogar Santa Mónica sabe que la institución es su propio huerto, un entorno de protección, afecto y nuevas oportunidades para reconstruir su vida y su futuro, y para nacer a una vida diferente y digna.
Para la institución, este huerto permite la creación de nuevas actividades socioeducativas, talleres de educación ambiental y acciones destinadas a promover la seguridad alimentaria. A lo largo del año, esta tierra recibirá diferentes cultivos, y las participantes podrán seguir todas las etapas del desarrollo de sus plantas, desde la siembra hasta la cosecha.
Los parterres demuestran, día a día, que es posible cultivar la esperanza donde antes había dolor, alimentar los sueños donde había incertidumbre y cosechar el futuro. donde alguien decidió creer. Las beneficiarias, en particular, obtendrán autonomía, conocimiento, autoestima y esperanza.











