¿Por qué hacer un voluntariado?
Llevaba años dándole vueltas, pero por circunstancias familiares y otras cosas lo iba dejando y decía: “Ya iré”. El año pasado pude hacer un pequeño voluntariado en Alemania con víctimas de malos tratos, niños y sus madres. Me ocupaba de los niños mientras las madres recibían ayuda psicosocial, compartían experiencias y establecían vínculos. Fue tan maravilloso que este verano no podía dejar de hacer algo.
En el Colegio Romareda nos ofrecieron participar del voluntariado con la Red Solidaria Internacional Agustino-Recoleta, ARCORES. Sentí la llamada y pensé: “Si no es ahora, ¿cuándo?”. Y aquí estoy, sin arrepentirme ni un segundo de haber tomado la decisión. Todo lo contrario, estoy feliz de haber llevado a cabo una experiencia tan increíble.
¿Qué te llevas contigo de Bocas del Pauto?
Me llevo mil momentos y personas. Se me han quedado grabados los niños llegando corriendo aunque lloviera a mares, con una ilusión increíble y con ganas de estar, participar y aprender; y lo mismo ocurría en el refuerzo educativo. Las mamás y las familias te ofrecían todo lo que tenían: un tinto (café), un helado, un abrazo…Y todo, y sobre todo, con muchísimo cariño. Durante la novena del Carmen visitamos las casas, oramos, convivimos y charlamos con las familias para conocernos mejor.
Los profesores nos abrieron las puertas de la escuela como si fuera nuestro propio centro. Recuerdo a un niño que preguntó si volvería “mañana”: y ese mañana se te queda en el corazón, por lo mucho que agradecen tu presencia. No es que sean diferentes, es que nos enseñaron lo que es tener poco y compartirlo todo. Esa lección no se olvida.
Y por supuesto, me ha marcado todo lo vivido y compartido con Sandra, Esperanza y Eva, las tres misioneras agustinas recoletas, que junto con el párroco fray Joe nos cuidaron de maravilla y nos hicieron sentir que su casa era la nuestra. Es enorme la gran labor que hacen en Bocas del Pauto y en todas sus veredas.
¿Cómo es el proyecto que nació de vuestro voluntariado?
Durante nuestra tarea descubrimos algo súper sencillo y muy potente: los chicos y las chicas no son lentos, no les cuesta aprender; pero por diferentes motivos, entendibles por las circunstancias que viven, nadie les ha dado las herramientas que necesitan, ni les han dedicado el tiempo, la ayuda y el apoyo moral necesario para conseguirlo.
En cuanto recibieron un poco más de apoyo material y emocional, empezaron a avanzar y era evidente que aprendían a un ritmo normal. Los casos que presentaban dificultades se evaluaron y elaboramos un informe con pautas de actuación para sus profesores y sus familias, para que continúen una tarea más específica con ellos.
Con todo esto diseñamos un proyecto que presentamos localmente y luego en ARCORES Colombia, en Bogotá. La idea es dar continuidad con formación, con recursos y con un método adaptado para que tengan las mismas oportunidades que todos. ¡Ojalá sirva para que nadie se quede atrás solo por el lugar donde nació!
¿El voluntariado es cosa de jóvenes?
Eso de que el voluntariado es solo para jóvenes no es cierto. La misión no tiene edad. Estuve con gente de todas las edades y todos aportamos algo diferente. Si hay ganas de aprender, de ayudar de corazón y con humildad te sabes adaptar a las circunstancias concretas, eso es todo lo que hace falta.
Incluso la vida da más experiencia, más comprensión y más paciencia cuando creces y te haces más adulto, cualidades importantes para el voluntariado. Si crees que te apetece, anímate y hazlo. Nunca es tarde, será una experiencia maravillosa en la que te llevas mucho más de lo que das. Me siento afortunada de haber vivido algo así.
¿Y a tus compañeros docentes y alumnos, qué les dirías?
La educación va mucho más allá de los libros. He visto a niños que tienen que cruzar un río para ir a clase y son muy felices, siempre están sonriendo. Me gustaría que aprendiéramos de su alegría, de su agradecimiento y de sus ganas.
Entre todos podemos tender puentes y ayudar, desde Zaragoza a Bocas del Pauto, hasta cualquier otro lugar. Somos la misma familia que vivimos en sitios distintos. Y cuando uno aprende, aprendemos y nos beneficiamos todos. Doy gracias a los Agustinos Recoletos, a ARCORES y a las Misioneras Agustinas Recoletas por haberme dado la oportunidad de vivir esta experiencia de vida.
















