Andaba yo buscando otra cosa. De hecho, todas aquellas páginas del Boletín de la Provincia de Nuestra Señora de la Candelaria de los Agustinos Recoletos, editado en Colombia, trataban sobre una Exposición Misional organizada en Bogotá el año 1924, que era el asunto por el que había acabado en mis manos este ejemplar.
Se mencionaba alguna vez a fray Ezequiel Moreno, pero no me sonó raro: había sido un gran misionero y era una figura destacada de los Agustinos Recoletos y de la misma Iglesia colombiana. Por otro lado, su proceso de canonización, introducido en 1909, estaba a punto de culminar en su primera fase; y de hecho, al año siguiente, el papa Pío XI lo admitirá a examen ya en instancias romanas.
Y en este contexto, sin ninguna explicación y para mi sorpresa, veo que se intercala una página dedicada a reproducir un “Facsímil de una oración autógrafa del siervo de Dios Fr. Ezequiel Moreno”. Todo un descubrimiento, porque no la tenía yo en el radar de cuanto se ha publicado del y sobre el santo en las últimas décadas.
Es una oración espléndida: densa, aunque escueta, y sumamente ardiente; una oración que pulsa las cuerdas más vibrantes del alma de Ezequiel: Jesús y su Corazón; una oración de corazón a Corazón.
Es la oración más adecuada, hoy y siempre, para recitarla a diario durante el mes de junio, tradicionalmente dedicado a honrar al Sagrado Corazón de Jesús. Y aquí la dejamos, para que otros corazones también hablen al Corazón con las mismas palabras de un santo:
¡Jesús mío! Perdona ya a quien sabes.
Amárralo a tu Corazón y no lo sueltes jamás.
Que en cada instante de tiempo
te dé toda la gloria posible
y que ni una inspiración le salga
que no sea para Ti.
Dale un corazón semejante al tuyo;
un corazón que sienta lo que el tuyo;
que quiera lo que el tuyo
y ame lo que el tuyo,
pero con la mayor intensidad posible,
para que ese amor le mueva
a hacer grandes cosas para tu gloria.
Todo te lo pido por tu divino y dulcísimo Corazón,
que lo merece todo y, por lo mismo,
espero que me oigas y me lo concedas.
Así sea.

















