En la tarde del sábado día 9 de mayo la iglesia del Real Monasterio de la Visitación de Nuestra Señora, conocido como Santa Isabel, de las Agustinas Recoletas contemplativas en Madrid (España), estaba engalanada y bien iluminada para acoger la emotiva celebración de primera profesión de sor María José de León, guatemalteca de origen, que de este modo era acogida por la comunidad como profesa simple.
Apenas dieron las cinco de la tarde sonaron los acordes de Solo a ti, canto compuesto por el cantautor y compositor agustino recoleto José Manuel González Durán, e interpretado por los religiosos formandos de la Casa de Formación San Agustín de los Agustinos Recoletos en Las Rozas (Madrid), que pusieron voz a la música litúrgica de la celebración.
El turiferario abría la procesión de entrada, seguido por sor María José, acompañada por la priora de la comunidad, María Teresa Arakkal, y la maestra de la novicias y junioras, Smitha Velikkakathott. Detrás, los concelebrantes y, cerrando la procesión, el presidente, Carlos González, prior provincial de la Provincia agustino-recoleta de San Nicolás de Tolentino.
Colocados los servidores del altar en su puesto y hecha la incensación inicial del altar y del crucifijo, comenzaron los ritos de la celebración eucarística, que se desarrollaron con cuidado y veneración.
El coro contribuyó a dar solemnidad y alegría a la liturgia de la Palabra cantando el Kyrie, el Gloria, el salmo responsorial y el Aleluya. La asamblea, que llenaba por completo el templo, se unió, creándose un ambiente litúrgico muy solemne.
Tras la proclamación del evangelio y antes de la homilía, se hizo el rito de la llamada, en el que María José manifestó públicamente su deseo de ser admitida en el monasterio y de entregarse a Dios mediante la profesión de los consejos evangélicos.
En la homilía, el presidente subrayó la necesidad del desasimiento en la vida cristiana y, con más razón, en la vida consagrada. Aludió al evangelio del día sazonando su comentario con textos de san Agustín, e se refirió al Espíritu Santo, del que procede la luz y la fuerza para vivir con fidelidad la vida cristiana y la consagración religiosa.
Siguió el rito de la profesión. María José proclamó su intención de guardar los votos de castidad, pobreza y obediencia ante la priora; leyó la fórmula de su profesión, escrita de su puño y letra en el libro de profesiones iniciado en 1590; ya profesa, le entregaron el velo y el libro de la Regla y Constituciones de las Agustinas Recoletas; y la maestra de novicias colocó sobre su cabeza una corona de flores blancas.
En la oración de los fieles se oró especialmente por la recién profesa para que se mantuviera fiel y alegre en la vivencia de sus votos en la vida común de las monjas agustinas recoletas de Santa Isabel. Y continuó la liturgia Eucarística como de ordinario.
Después de la bendición final y de unas palabras de enhorabuena del presidente de la celebración a la nueva profesa y a la comunidad recoleta, el fervoroso silencio que había reinado a lo largo de toda la celebración fue roto por un sonoro y prolongado aplauso a María José.
Los asistentes fueron agasajados con una recepción, en la que, en la variedad de alimentos, resaltaba la apetecible y abundante repostería, obrada en el mismo monasterio. A esta recepción asistieron la priora, la maestra de novicias y la recién profesa.
Tras la despedida, las tres volvieron con las otras nueve hermanas de su comunidad, que habían seguido la celebración desde el coro bajo, donde pasan tantas horas a diario en oración alabando a Dios y rezando por la Iglesia y por el mundo entero.












