El día 31 de octubre, en Guaraciaba do Norte (Ceará-Brasil), fray Luis Diego Ramírez hizo la profesión solemne de los consejos evangélicos: castidad, pobreza y obediencia, en la iglesia parroquial de Nossa Senhora dos Prazeres en presencia de fray Sergio Sánchez, prior provincial de San Nicolás de Tolentino, que aceptó su profesión y le recibió en la comunidad.
El obispo de Tianguá, monseñor Francisco Javier Hernández Arnedo, presidió la celebración, en la que participó gran multitud de guaraciabenses. Asistieron también miembros de la comunidad recoleta de Fortaleza, la Fraternidad seglar y la Juventud agustino-recoleta –JAR–, y estaba presente una representación de las agustinas recoletas del monasterio Nuestra Señora de Guadalupe, ubicado en la misma parroquia.
Cuarenta días después de la profesión solemne, el 11 de diciembre, a las cinco de la tarde, las comunidades se reunían de nuevo en la misma iglesia parroquial para participar de la ordenación de diácono de fray Luis Diego, por la imposición de manos de monseñor Francisco Javier Hernández. El rector del seminario diocesano de Tianguá y sacerdotes de las parroquias vecinas concelebraron junto al obispo y la comunidad de agustinos recoletos.
Era un viernes y una hora en la que el pueblo aún está trabajando. Aún así el pueblo participó de la ordenación. Durante la celebración se cantaron cantos agustinianos. Monseñor Javier, al inicio de la homilía, explicó los tres grados del sacramento del orden y, sobre todo, qué era ser diácono (servidor) y las funciones propias del diácono: asistir en el altar al sacerdote, proclamar el Evangelio y poder celebrar bautismos, matrimonios, entierros y presidir la celebración de la Palabra, y refirió que el diaconado era un “paso transitorio” que fray Diego estaba dando, antes de ser ordenado próximamente sacerdote.
Como en la profesión solemne, al pueblo sencillo se les salían los ojos de sus órbitas y no pudieron dejar de sentir la sorpresa al ver a fray Diego, tendido en el suelo, con los ojos para abajo, mientras se cantaban las letanías. Entregada la vestimenta de diácono y el Evangeliario, al ver a fray Diego en el altar, les parecía un sacerdote.
La celebración continuó en un clima de fe profunda que el pueblo guaraciabense muestra siempre.
Después de la celebración, los parroquianos tuvieron oportunidad de cenar en la plaza, con mesas, sillas y cena preparada por la Fraternidad seglar agustino-recoleta y los amigos de la parroquia, acompañados de cantores religiosos guaraciabenses.



