Me decidí por el voluntariado en Fortaleza porque tenía ganas de conocer una realidad diferente y de aprender de personas con historias y experiencias distintas a las mías. Deseaba un acercamiento humano, y en ARCORES, la Red Internacional Solidaria Agustino-Recoleta me propusieron este destino tras contarles mis preferencias.
Los primeros días fueron intensos: lugar, idioma, costumbres, realidad social totalmente diferentes a lo que conocía… Tuve que observar y aprender mucho de golpe. Al conocer a las acogidas empecé a sentir todo más cercano y a comprender por qué estaba allí.
A pesar de todo lo que han vivido, las niñas y adolescentes acogidas en el Hogar siguen sonriendo. Mis conversaciones con ellas me hicieron reflexionar sobre la confianza que depositan en quienes están allí acompañándolas. Entendí lo afortunada que soy porque algunas quisieran abrirse conmigo. La mayoría de las veces yo no tenía una respuesta perfecta, pero con el simple hecho de escuchar, ellas ya manifestaban sentirse mejor.
Los recuerdos del día a día, de esos momentos que probablemente para ellas eran cotidianos, para mí terminaron siendo muy especiales: las risas, las actividades, las excursiones (en especial un paseo a las dunas), las pulseras que hicimos juntas o las interminables partidas de cartas al UNO.
Ante las complejas situaciones por las que han pasado las residentes en el Hogar Santa Mónica, una de las partes más difíciles de afrontar fue que, por un lado, era inevitable para mí querer solucionar sus problemas; pero, por otro, advertir que no tenía esa capacidad ni era ese el objetivo del voluntariado.
He aprendido que ayudar no siempre significa solucionar. Hay heridas que no podemos curar y situaciones para las que no tenemos respuestas. En tales casos, lo único que podemos hacer es acompañar con cariño y tratar a la víctima con respeto y dignidad.
También me he preguntado si hacía lo suficiente, una duda imposible de dejar de lado y positiva si te ayuda a reconocer tus propios límites. El voluntariado no es una historia sobre cuánto bien has hecho, sino sobre entender que en cualquier proyecto de este tipo los resultados no se perciben inmediatamente ni a simple vista. Sé muy bien que no he cambiado la vida de nadie, pero sí espero haber contribuido a que algunos de sus días fueran un poco más alegres, mejores.
Necesito tiempo para asimilar lo vivido. Ha sido un mes muy intenso y habrá cosas que entenderé mejor incluso al cabo de años. Sí he aprendido que soy capaz de adaptarme a nuevos entornos muy rápido. Además de manejarme en una cultura diferente, acepté que no siempre voy a entender todo de inmediato y que antes de juzgar hay que escuchar.
Brasil y los brasileños me han enseñado mucho sobre la importancia de la cercanía en las relaciones, de ese cariño que puede expresarse de forma sencilla: una conversación divertida, una sonrisa, un abrazo… O, simplemente, estar ahí: la presencia es una forma de ayudar. No voy a solucionar todo lo que le ocurre a otro, pero sí puedo hacerle saber que no está solo. Y eso tiene mucho más valor del que imaginamos.













