El día 11 de junio de 2003 llegaron de México, del monasterio de Ahuacatlán de Jesús, Estado de San Luis Potosí, ocho monjas agustinas recoletas contemplativas; así se abría la historia de la recolección agustiniana en Sudamérica, al fundar el monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe en Guaraciaba do Norte, en la diócesis de Tianguá. Al frente del grupo iba la hermana Maricruz Hernández Orozco. Llegaban sin monasterio propio que se fue construyendo y se inauguró dos años más tarde.
La comunidad actualmente está formada por trece hermanas: seis son mexicanas; las otras de origen brasileño: dos de votos solemnes, dos junioras, una novicia y dos postulantes. Sin poder decir que sobreabundan las vocaciones a la vida contemplativa, van surgiendo paulatinamente, y próximamente ingresará una nueva postulante. La priora de la comunidad es la hermana Maricruz Hernández Orozco, con quien entramos en contacto para formularle algunas preguntas.
Realizar un bello monasterio como el que habitan, supone mucho apoyo y además hay que conservarlo. ¿Cuál es su trabajo habitualmente?
Contamos desde el principio con la ayuda inestimable del señor obispo de Tianguá, Francisco Javier Hernández Arnedo, agustino recoleto. Sin él no habría sido posible construir este hermoso y amplio monasterio. También nos han llegado otras ayudas.
Las principales actividades para el sustento de nuestra comunidad son la confección de ornamentos litúrgicos, bordado y costura, la elaboración de panes y confitería, y otros pequeños servicios que surgen de vez en cuando.
¿Qué contacto tienen con la sociedad circundante, con la parroquia y la región en que están ubicadas?
Lo primero y propio nuestro es la oración y nuestro testimonio de vida. Pero también acogemos a personas que vienen a nuestra casa a hacer retiros, tanto de forma grupal como individualmente. Las hermanas en algunas ocasiones toman parte activa dando alguna charla o desempeñan la labor de dirección espiritual y acompañamiento en los retiros individuales. Además ofrecemos consejo y escucha a quienes se aproximan a nuestro monasterio y colaboramos con los agustinos recoletos en la promoción vocacional y en la naciente Fraternidad seglar agustino-recoleta.
¿Se sienten inculturadas en la Iglesia local y en la sociedad nordestina brasileña?
Hoy podemos decir que hemos combatido un buen combate, que hemos recorrido una buena parte del camino, que nos hemos incorporado a la cultura y necesidades de nuestra Iglesia local en este nordeste brasileño, pero no fue fácil. La comunidad mexicana al comienzo se fue adaptando a la nueva cultura que adoptaba poco a poco. Fuimos aprendiendo la lengua, que ya practicamos mejor, pues nos exigimos hablar siempre en portugués desde que ingresaron las primeras vocaciones brasileñas. Extrañábamos la comida de nuestra tierra, como las tortillas de maíz o el chile, y tuvimos que aprender a cocinar y a comer cosas diferentes, como el cuscús, la fariña y otros productos: el azúcar moreno de caña y el caldo de miel, alimentos propios de esta región; nuevas frutas como la yaca, la palmera buriti, la fruta del anacardo, la jubitacaba, la acerola… Eran muchos los detalles del mundo nuevo al que nos abríamos en los primeros años, pero el aprendizaje no ha acabado.
Pero detrás de estos aspectos más externos suele esconderse algo más profundo: una forma de pensar diferente, costumbres llamativas…
Sí, mucho más importante fue la forma de pensar y las costumbres de estas gentes. Entre ellas, una de las que más cambió respecto a lo que nosotras habíamos vivido en México era la forma de vivir la Navidad. Nuestra primera Navidad aquí fue muy triste, lejos de las celebraciones festivas que hacíamos en México. Claro que aquí tienen su propio modo de celebrarla, pero exteriormente es mucho más “quieta”, casi apenas se nota fuera de lo que es el comercio. Pero todo ello nos ha enriquecido mucho como comunidad, al conocer nuevas costumbres y también compartir un poco de nuestras raíces.
¿Pues qué echasteis en falta respecto a la Navidad mexicana y cómo vivís ahora la Navidad aquí, en Guaraciaba?
El primer año sentimos la falta de muchas cosas en esta temporada del año, porque en México hay muchas costumbres específicas que marcan estas festividades; por ejemplo, las posadas, llenas de alegría y devoción, que se realizan en familia y en la misma sociedad. Aquí se tiene también la llamada “Novena de la Navidad”, que tiene cierta repercusión. Nosotras acabamos haciendo una mezcla de ambas tradiciones y hemos conseguido así crear un ambiente monacal de estilo propio.
¿Cómo se preparan ahora, en su monasterio guaraciabense, para la celebración de la Navidad?
Nuestra preparación comienza con el año litúrgico, con el Adviento, tiempo específico para preparar la natividad del Señor. Al iniciar el Adviento se entrega a cada hermana una tarjeta en la que debe escribir lo que ofrece al Niño Jesús el día de Navidad. Esta costumbre la practicamos durante el Adviento como una forma de enfervorizar el espíritu con pequeñas cosas y prepararnos para acoger a Jesús en nuestros corazones.
Al comenzar el Adviento hacemos también un sorteo para el conocido juego de la amiga secreta, que celebramos en Epifanía: sorteamos entre nosotras los nombres de todas las hermanas de la comunidad con el compromiso de rezar por la hermana que te ha caído en suerte durante todo el Adviento y prepararle un regalo que se entrega el día de Reyes, detalle confeccionado por nosotras mismas.
El 16 de diciembre comienza la preparación inmediata al nacimiento del Salvador con la novena de Navidad y las posadas. Todas lo esperamos con muchas ilusión, sobre todo las más jóvenes de la comunidad, porque es algo muy festivo y que fuera del convento no se conoce, por lo que les llama sumamente la atención esa manera tan peculiar de vivir las “posadas”.
¿Qué son las posadas y cómo las realizan en el monasterio?
La costumbre de las posadas nació al mismo tiempo que la evangelización de México y son invención de un agustino, fray Diego Soria. Así que nosotras, coherentes con nuestro carisma agustiniano y al ser originarias de México, no podemos más que traer esa tradición a esta tierra, aunque por ahora solo sea dentro de nuestro ámbito monástico. El clima de aquí no invita mucho a celebrarlas como en México, donde el frío propicia compartir ciertas comidas y bebidas típicas; pero hemos conservado la estructura esencial y cambiado lo que es más relativo.
Entre el 16 y el 25 de diciembre, a diario, cada una de las áreas del monasterio –panadería, bordado, portería, noviciado…– prepara una posada. En las salas de trabajo de cada área se prepara el lugar para la acogida, las oraciones y la confraternización diaria. Cada jornada es una sorpresa por la creatividad de las hermanas en componer las oraciones e incluso con la representación teatral del tema del día. El acto comienza después de la oración-meditación de la tarde y se sale en procesión por los claustros acompañando a los peregrinos José y María, cuyas imágenes trajimos como regalo de un monasterio mexicano; durante la procesión se cantan las letanías en latín hasta llegar al lugar concreto de la posada, donde las hermanas se reparten en dos coros: uno entra para acoger a los peregrinos y el otro se queda fuera con las imágenes de José y María; se cantan unos versos que relatan las penas que los peregrinos han ido pasando hasta llegar allí donde se les acoge, pero, siguiendo la costumbre, los posaderos primero los rechazan y niegan su entrada hasta que se dan cuenta que son José y María los que llegan. Entonces se les recibe y se entra en procesión poniéndoles a los peregrinos en un lugar destacado, preparado especialmente para ellos.
A continuación oramos todas juntas, cantamos la antífona de la “O” y otras canciones apropiadas para el momento, tanto en español como en portugués. Las imágenes de los peregrinos quedan en el taller o área del monasterio que los ha acogido hasta el día siguiente en que se llevan a la Iglesia monacal para salir nuevamente en procesión hasta el lugar que los va a acoger.
Pero no termina todo aquí, sino que prosigue la confraternización, de modo que todas van al refectorio a degustar la cena preparada por las hermanas responsables ese día de la posada, que generalmente preparan alguna novedad culinaria. La conversación es alegre y se cantan villancicos.
Se ve que las posadas les sirven para ambientarse y prepararse gozosamente para la nochebuena y la Navidad, pero si los preparativos son buenos, la celebración de la fiesta tiene que ser magnífica. ¿Cómo la viven?
Por supuesto que se adorna todo el monasterio y se montan belenes, aunque el más hermoso es el que se pone en la iglesia. Pero aparte esto, vivimos intensamente la liturgia los días previos a la Navidad y haciendo del canto solemne de las antífonas de la “O” una especial luz que atrae e ilumina. Además son frecuentes los ensayos para la misa de Navidad, Año Nuevo y Reyes.
La víspera de Navidad el clima en el monasterio ya es completamente festivo: cantamos villancicos mientras preparamos la liturgia de la noche con la solemne misa, la cena y la mesa.
¿Participa la gente de Guaraciaba en la misa de la noche su monasterio?
En esta región hay una costumbre especial de ir a Canindé en la noche de Navidad, que es una ciudad que está a 150 kilómetros, donde hay un famosísimo santuario dedicado a san Francisco de Asís. Aquí se celebra la Navidad de una forma muy especial, y de las aldeas y pueblos del entorno viajan allá para participar en la misa de medianoche. A pesar de esto, nuestra iglesia se llena a la hora de la misa, que se celebra a las ocho o las nueve de la noche y a la que acuden muchas personas de pequeñas poblaciones cercanas o del centro urbano del municipio. También poco a poco se ha introducido la práctica de adoración del Niño Jesús al final de la misa. Al principio la gente veía esto como algo raro, pero ahora ya se esperan al final de la misa para besarlo.
Cuando acaba la misa de la noche, bajamos del coro alto a felicitar a la gente: amigos, vecinos y conocidos, y una vez que se termina todo esto nos reunimos con los religiosos agustinos recoletos que atienden la parroquia de Guaraciaba y otras capillas de esta población, para la cena, muy festiva, llena de color y alegría.
Antes de ir a descansar, la priora, entre el sonido de las panderetas, flautas y castañuelas, entrega un pequeño regalo a cada una de las hermanas de la comunidad.
Supongo que el día de Navidad lo celebrarán con toda la solemnidad.
La liturgia y los cantos que preparamos para este día son muy festivos (incluso hemos traducido algunos villancicos al portugués). También el día 25 invitamos a nuestros hermanos agustinos recoletos a una comida, que prolonga la alegría en una convivencia fraterna.
Si antes de Navidad nosotras regalamos cajas de pastas a algunas familias más cercanas, el mismo día de Navidad vienen algunos con regalos para agradecerle a la comunidad su cariño y acogida.
Es en esta fecha cuando hacemos el sorteo para la visita del Niño Jesús durante los siguientes días, que pasa por la habitación de cada hermana. Cada noche la priora, acompañada por la comunidad, entrega la imagen del Niño Jesús a la hermana que le ha tocado en suerte y se tiene una oración o canto de acogida.
Veo que se las arreglan para vivir con gozo todos estos días del tiempo de Navidad. Pero, ¿cómo despiden el año que termina y reciben el año nuevo?
Cuando llega el año nuevo en medio de esta alegría navideña, preparamos con el mismo entusiasmo nuestro espíritu para dar gracias a Dios pro el año que concluye. Nuestra costumbre es hacer una hora santa del perdón, agradecimiento, petición y adoración a Dios, si no el día 31 de diciembre por la tarde, alguno de los días inmediatamente anteriores.
El día 31 tenemos la misa solemne y festiva a las ocho o a las nueve y es muy participada por el pueblo; la iglesia se llena. Al final de la celebración tenemos por costumbre darnos el abrazo con los amigos y conocidos con el deseo de un nuevo año bendecido. Poco después tenemos la cena con los agustinos recoletos, cantamos villancicos, brindamos por el nuevo año comiendo las doce uvas, según la tradición española, y nos deseamos el feliz año nuevo.
Justo a la media noche vamos al jardín del claustro para cantar un Te Deum en agradecimiento a Dios por todas las gracias recibidas y pedirle su bendición para el nuevo año que comienza.
El día 1 de enero conservamos una tradición antigua, la veneración de Jesús como el “niño esposo”. Este día preparamos para algún momento del día, normalmente en el recreo de la noche, una mesita llena de pequeños regalos con la imagen del Niños Jesús en el medio. Cada hermana pasa y recoge uno de los pequeños regalos y vamos cantando al Niño. También nos servimos un poco de licor para conmemorar la fecha.
Solo falta un breve comentario sobre la fiesta de los Reyes Magos. ¿Qué costumbres tienen?
Seguimos con algunas viejas costumbres mexicanas. La fiesta comienza de víspera. La priora indica que cada religiosa deje un zapato en la puerta para que pueda poner un regalo. También preparamos en nuestra panadería el roscón de reyes, con muñequitos dentro, y lo servimos en el desayuno. A quien le toca un muñequito queda obligada a hacer tamales para todas o alguna comida especial el día 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor y día de la Vida Consagrada.
En la noche de la fiesta de Reyes organizamos una confraternización con juegos y diversión. Cada una piensa en los regalos que va a hacer a la amiga secreta, por la que ha orado especialmente durante el tiempo de Navidad.
¿Encuentran las monjas algún encanto especial en este tiempo de Navidad?
Cada periodo litúrgico tiene su propia belleza, pero el de Navidad siempre nos lleva a tener un sentido de familia, de acogida, de armonía y felicidad, que siempre nos deja momentos muy gratos y felices recuerdos.



