Soy Robert Oppong Asante y estoy casado con Hannah Teye, con quien he tenido dos hijas, Sophia y Theresa. Somos de Ghana y somos católicos, así que cuando en 2023 comenzamos a recibir en nuestra propia localidad amenazas porque exigían que nuestras hijas se sometiesen a la ablación genital, costumbre tan diseminada entre los musulmanes en África Occidental, tuvimos que buscar una solución. Nos negábamos a que nuestras pequeñas pasasen por eso.
La presión era grande y creciente, y por consejo de un amigo decidimos huir toda la familia a Mauritania, el único lugar donde teníamos posibilidades de llegar, y allí nos establecimos en febrero de 2023.
Allí nos unimos en la Iglesia local al equipo de evangelización. Pero en Mauritania cuando un musulmán se convierte al cristianismo, el castigo para el catequista que ha logrado la conversión es la prisión, la muerte o ambas. Pese a estas leyes, hoy la Iglesia Católica crece en ese país, hasta ahora 100% musulmán. Muchos jóvenes deciden abrazar la fe cristiana y católica.
Un domingo de marzo de 2023 la Policía entró en nuestro templo y arrestó a todos los miembros del equipo de evangelización. Yo fui enviado a prisión. Sabiendo lo que seguiría, y para salvar mi vida, intenté escapar, pero recibí un disparo en la pierna.
Acabé en el hospital y cuando me dieron de alta, unas semanas después, me enviaron de vuelta a prisión por el delito de promover el cristianismo. Allí estuve tres meses más, hasta que uno de los funcionarios me ayudó a escapar.
Como es lógico, teníamos que ponernos de nuevo en camino. Mi familia y yo huimos de Mauritania el 10 de julio de 2024 y llegamos a España nueve días después. Aquí solicitamos el estatuto de refugiado para los cuatro miembros de la familia.
Nada ha sido fácil, tampoco en España. El primer gran escollo ha sido conseguir la documentación. Aún luchamos, dos años después, para conseguir los cuatro permisos de residencia. El nuevo ejercicio de regularización que, entre otras organizaciones, ha promovido la Iglesia Católica, esperamos que esta vez nos ayude.
Respecto a la vida eclesial, tampoco ha sido fácil. No siempre nos hemos sentido bien acogidos en las comunidades cristianas en España. Cuando entramos a celebrar los domingos, por ejemplo, nos sorprende que no todos los católicos son capaces de ver a los refugiados y extranjeros como hermanos y hermanas.
El otro asunto más desafiador para nosotros es conseguir el pan de cada día. Por ejemplo, nos costó muchísimo reunir lo necesario para pagar los costes y tasas de los procesos legales de residencia. Aquí debo agradecer a la Iglesia y a los Agustinos Recoletos su ayuda para conseguir pagar tantos trámites de los cuatro.
Cada día damos gracias a Dios por nuestras vidas como refugiados, y le damos también gracias por su Iglesia, que nos anima y apoya.







