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“Esto ya no nos desborda: ahora, serenamente, sabemos lo inmenso de la decisión que hemos tomado”

El jueves 5 de marzo once personas fundaron la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta “Santa Magdalena de Nagasaki” en Requena (Valencia), con sede y acompañamiento en el Monasterio San José de las Agustinas Recoletas contemplativas. María Carmen Pardo es miembro fundadora. Esta es su experiencia.
Monasterio de San José. Agustinas Recoletas. Requena, Valencia, España.

El jueves 5 de marzo celebramos la emisión de nuestras promesas como miembros de la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta. Nos acogía y nos daba su bendición el prior general de los Agustinos Recoletos, Miguel Ángel Hernández; y de manos de Maricela, la presidenta de las Fraternidades Seglares en España, y de Pascualina, agustina recoleta contemplativa del Monasterio de San José que nos acompaña en este camino, recibíamos el pin representativo de la Fraternidad Seglar.

Pascualina fue la dulce voz con la que el Espíritu del Señor nos llamó, hace ya más de un año, para invitarnos a formar esta Fraternidad Seglar. El proyecto era desbordante en un principio; al tiempo que lo aceptábamos, lidiábamos con un montón de preguntas, de dudas, de cuestionamientos.

Después de todo este trabajo personal y comunitario, hemos vivido y experimentado el espíritu fraternal del carisma agustino recoleto, junto a las monjas del monasterio y los religiosos, junto a los miembros de otras Fraternidades y del Consejo Nacional. Desde el primer instante todos nos mostraron y demostraron cercanía, alegría y riqueza personal.

Durante este año no todos estuvimos en todos los momentos, pero luego siempre lo compartíamos juntos. Iba creciendo ese carisma de Fraternidad, y fue bonito compartirlo con miembros de otras Fraternidades que pudimos conocer en Madrid.

Esto ya no nos desborda, ahora serenamente sabemos lo inmenso de la decisión que hemos tomado… Sabemos también que la gracia de Dios fue la que nos llamó, aquel regalo que nos envió a través de las monjas del Monasterio de San José. Esa gracia nos acompaña en nuestra sencilla disposición a decirle sí al Señor.

En la Homilía de esa jornada el prior general nos recordó que no nos hemos convertido en medio monjas o medio frailes, sino que seguimos con normalidad nuestras vidas; lo diferenciador es que ahora apostamos por esa inquietud interna, por esa búsqueda diaria del encuentro con Dios en lo más hondo de nuestro ser, disponiéndonos a compartirlo con los demás, para que nos lleve a lo que invita san Agustín: “Anunciad a Cristo donde podáis”.

Damos por hecho que el Señor nos ayudará en nuestra humilde pero entusiasmada intención.

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