¿Qué significa para ti el hecho de ser formador?
Antes de asumir esta tarea que la Orden me ha encomendado como maestro de novicios, ya fui maestro de aspirantes en el Aspirantado San Pio X de Querétaro, en México.
Acompañar a los jóvenes inquietos vocacionalmente en estas dos etapas, el aspirantado y el noviciado, me ha ayudado a percibir que es más lo que aprendo y recibo de cada uno de ellos, que lo que particularmente yo pueda darles.
Estar con ellos, ahora en esta importante etapa del noviciado, cuando deben tomar la decisión sobre su consagración religiosa personal y experimentar por primera vez la vida comunitaria real, me ha hecho más consciente de que la vocación a la vida consagrada es un regalo que Dios concede a quien quiere y cuando quiere
Mi tarea no es otra que es mostrarles los caminos que conducen al Señor, para que luego ellos tomen esa decisión de manera libre.
¿Qué es lo que más te ilusiona y lo que más te desafía en la formación de los novicios?
Me ilusiona, y a la vez me da tranquilidad, saber que es el Señor quien llama; y también poder compartir la fe, la cotidianidad con quienes buscan el mismo camino que yo estoy siguiendo y ver cómo Dios va actuando en la vida de cada uno.
Es un desafío continuo formar en la interculturalidad, acompañar bien en la dimensión humana y afectiva de la persona, ayudarlos a que asuman libremente compromisos definitivos y a valorar el silencio y la oración como espacios de encuentros con el Señor.
Y, además, aunque hemos crecido en esto, es un desafío formar a las personas para que sepan crear comunidades y verdaderos hogares donde se vive la fraternidad.
¿Qué has aprendido tú de los formandos?
Me he dado cuenta de que el discernimiento vocacional no es lineal, que la vocación madura con el tiempo, que en este proceso cuenta cada experiencia y cada crisis.
Aprendo cada día que las personas no somos seres perfectos, y tampoco lo soy yo; aprendo que la gracia de Dios actúa cuando nos ponemos en sus manos con el corazón abierto aun en medio de las dificultades.
¿Qué aspectos consideras fundamentales para discernir con libertad y profundidad la vocación personal?
Aunque ya estén en nuestro Plan de Formación y en el Itinerario de Formación Agustino Recoleto (IFAR), considero fundamentales varios elementos del proceso de discernimiento sin los que no sería posible hablar de vocación. Son la centralidad de Cristo, la vivencia comunitaria de la fe y adquirir un profundo sentido de Iglesia.
Tras tanto tiempo como formador, ¿qué convicciones tienes sobre la importancia de las casas de formación como espacios de crecimiento humano y espiritual?
Aunque existen muchos otros tipos de experiencias formativas, creo que las casas de formación (Aspirantado, Postulantado, Noviciado, Profesorado) son espacios necesarios para una formación integral del religioso agustino recoleto, un correcto discernimiento vocacional y una vivencia real y práctica de la vida fraterna, que es el ambiente propio donde desarrollar la vida según nuestro carisma y espiritualidad.













