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“El Camino de Santiago se ha convertido en un símbolo de nuestros años de formación”

José García, Iván Ramírez, Gildo Sousa y Abraham Montoya, que acaban de terminar sus estudios teológicos, han peregrinado los últimos 100 km. del Camino de Santiago junto a su formador. Abraham nos relata su experiencia.
Peregrinación a Santiago 2026. Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino.

El programa de formación inicial de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de los Agustinos Recoletos incluye en el último año de estudios teológicos, justo antes de la experiencia de inserción comunitaria y pastoral, una serie de actividades para fortalecer valores espirituales y comunitarios. Entre ellas, la peregrinación a Santiago.

Nuestra peregrinación comenzó el 11 de junio en Lugo, adonde llegamos un poco más tarde del mediodía. Tras dejar las cosas en el albergue, visitamos la ciudad, en la catedral pusieron el primer sello de nuestro pasaporte de peregrinos y compartimos un momento de alegría comunitaria en el monasterio de la Purísima Concepción de Nuestra Señora de las Agustinas Recoletas contemplativas de esa ciudad.

La mañana del viernes 12 salimos muy temprano y llenos de optimismo. Nos habíamos preparado con caminatas previas para que el cuerpo no se encontrara con sorpresas. Muy pronto llegaron las primeras cuestas que, sin mucho problema, las superamos. A mediodía, después de 19 kilómetros, llegamos a San Román da Retorta. Era nuestra primera etapa. Nos alojamos en un albergue sumamente acogedor y con buen servicio.

El sábado 13 fue la etapa más larga, 28 kilómetros. Entre cuestas arriba y bajo un sol radiante, llegamos a Melide. Después de un merecido descanso y una buena comida, nos aventuramos a conocer el lugar, donde se celebraban las fiestas de San Antonio. Entre las procesiones y el baile pasamos una tarde muy animada.

Al siguiente día fue la etapa más corta, 15 kilómetros de cuestas difíciles. Llegamos muy contentos a Arzúa. Aunque el albergue aún estaba cerrado, nos permitieron instalarnos y dejar las mochilas. Celebramos la Eucaristía en la Iglesia de Santiago, con cantos y el ánimo contagiado entre todos los peregrinos.

El lunes recorrimos 19 kilómetros hasta O Pedrouzo. El albergue era bueno y los que lo atendían eran amables. Disfrutamos de una buena comida en un restaurante mexicano; y nuestros pasaportes ganaron un sello muy singular.

El martes, notando ya el cansancio, hicimos la última etapa hasta Santiago de Compostela. A las puertas de la Catedral nos hicimos la foto y seguimos hasta la Residencia de las Hermanas de Cristo Rey, muy amables al recibirnos.

Ha sido una experiencia increíble: cien kilómetros bajo el sol, un poco de frío, cuestas prolongadas, momentos de soledad y silencio o acompañados. Me hizo pensar en el recorrido de estos años de formación y en lo que Dios me ha pedido.

Al ver los paisajes y pensar en el Creador, podía reconocerme como creado; y desde mi posición de criatura, me reconozco acompañado. De hecho, me sentí acompañado en todo momento, disfruté de estar rodeado de mis hermanos, de mis recuerdos e historias; las risas nunca faltaron. Era un broche de oro para cerrar la formación en la Casa de Formación San Agustín de Las Rozas.

En Santiago, mientras comprábamos algunos recuerdos, un hombre nos contó la historia de las manitas y flecas de Mocho, símbolo de la amistad en el peregrinaje a Santiago. Nos entregó a cada uno una manita de plástico, que para mí es hoy símbolo de los años que hemos compartido juntos.

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