María de Setefilla (coordinadora, JAR Chiclana)
Con pocas horas de sueño, pero con la mochila cargada de experiencias vividas, escribo estas palabras desde el autobús de vuelta a casa, de Madrid a Chiclana (625 km.). Vuelvo de encontrarme con el Papa León y este ha sido un viaje en todos los sentidos: emocional, espiritual y sobre todo, de contacto con la humanidad.
Los obstáculos complicaron todo: con calles cortadas, caminamos dos horas, sin rendirnos, para llegar al sector asignado; tomamos autobuses urbanos erróneos; sufrimos despistes tontos con la aplicación de mapas que nos guiaba; fue necesaria alguna que otra visita médica; y hubo que subir y bajar sin ascensor de las estaciones de metro con personas con movilidad reducida. Todos sentimos cómo es su vida real en este mundo que sigue sin estar preparado para que todos se desplacen por él.
Pero nuestros chicos y nuestros mayores no se detuvieron. Teníamos una misión: llegar hasta el Papa, acercarnos al sucesor de Pedro. Y como casi todo en esta vida, solo había que confiar: confiar en Dios y en que todo iba a salir bien. Y así fue.
El recuerdo más bonito grabado en la retina de todos es cuando decidimos que todos teníamos que ver al Papa. Los JAR se pusieron mano a mano a elevar hasta el cielo de Madrid a nuestro querido Cayetano en su silla de ruedas. Entonces León XIV pasó a nuestro lado y, tras su bendición, rompimos a llorar, a aplaudir y a abrazarnos, felices. Al final del día, acabamos saltando, cantando y bailando juntos de la mano.
Muchos comenzamos esta aventura como desconocidos, pero volvimos siendo una verdadera comunidad agustiniana que ha vivido una experiencia de fe conjunta y que vuelve a casa con muchas lecciones de vida a sus espaldas. ¡Hemos alzado la mirada!
Pedro (antiguo alumno del Colegio San Agustín y JAR)
Este viaje me ha dejado algo más que fotos, recuerdos o kilómetros recorridos. Hemos compartido momentos que probablemente recordaremos durante muchos años, entre conversaciones, risas, cansancio, nervios, silencios y la emoción de vivir algo tan especial como encontrarnos con León XIV.
Aunque parece que cada uno sigue su propio camino, estos días nos han permitido estar conectados de una forma diferente, como si todas nuestras historias, experiencias y emociones personales hubieran formado una pequeña red invisible que nos ha unido más de lo que imaginamos.
Quiero dar las gracias a cuantos han formado parte de esta experiencia. Los lugares son importantes, pero las personas son las que realmente hacen que un viaje o una experiencia se conviertan en algo inolvidable. Quizás dentro de unos años muchas cosas hayan cambiado, pero este recuerdo seguirá ahí, conectado a nosotros y conectándonos de nuevo. ¡Nos vemos en la red!










