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Chispas de una nueva humanidad: encender la luz de la fraternidad, de la reconciliación y del amor

Randall López, agustino recoleto costarricense en formación inicial, ha sido uno de los dos millones de personas que han participado en algunos de los 30 actos oficiales y multitudinarios del Papa León en España entre el 6 y el 12 de junio. Esta ha sido su experiencia.
Visita del Papa León a Madrid. 2026.

La visita del papa León a Madrid ha sido una experiencia profundamente eclesial y entrañablemente agustiniana. Tuve la oportunidad de vivirla junto a quince jóvenes de la Parroquia Santa Rita de Madrid, con los que he contemplado el rostro joven de una Iglesia viva que mira al futuro con confianza porque sabe que Cristo camina con ella.

Si tuviera que resumir lo vivido en una expresión, elegiría precisamente el lema que acompañó esta visita: “Alzad la mirada”. Cuando más se nos invita a fijarnos en nuestras preocupaciones, en nuestras diferencias o en nuestros miedos, el Papa ha pedido volver la mirada hacia lo alto, hacia Dios, fuente de toda esperanza.

Alzar la mirada significa descubrir horizontes más amplios, reconocer que el Señor sigue actuando en la historia y que ninguna oscuridad tiene la última palabra. Esta invitación se hacía especialmente visible en los miles de jóvenes que participaron en los actos.

Sus rostros reflejaban ilusión, esperanza y un deseo sincero de encontrar motivos para creer en un mundo mejor. Esos miles de jóvenes en torno al papa León, de rodillas en el Paseo de la Castellana de Madrid adorando al Santísimo Sacramento, muestran una Iglesia profundamente viva que se sabe sostenida por las manos de Dios.

Aquel entusiasmo era contagioso: los cantos, las sonrisas y la cercanía de aquellos jóvenes recordaban que el Evangelio continúa tocando el corazón de las nuevas generaciones.

Uno de los mensajes que más resonó en mí fue aquella llamada a ser “chispas de una nueva humanidad”. Más que una imagen poética, me lo tomé como un verdadero compromiso para encender la luz de la fraternidad, de la reconciliación y de la caridad. Frente a la polarización y el individualismo, ser una chispa de humanidad nueva exige compromiso, valentía y una profunda vida interior.

También destacaría esa experiencia de comunión eclesial. En Madrid, en la vigilia, estábamos más de un millón de personas de todas las edades, pueblos y culturas, imagen de la riqueza y universalidad de la Iglesia.

Venía a mi mente ese lema agustiniano que el propio papa León ha escogido para su ministerio: In illo uno unum, “en Aquel que es Uno, somos uno”. Cristo nos reúne y nos sostiene, y en Él la verdadera unidad no elimina las diferencias, sino que las armoniza en una misma fe y en una misma esperanza.

Para nuestra Familia Agustiniana, la presencia de un Papa hijo de san Agustín es un regalo inmenso, porque en sus palabras y gestos se reconocen fácilmente los ecos de esa espiritualidad común que nos invita a buscar juntos la verdad, a vivir la fraternidad y a mantener el corazón siempre orientado hacia Dios.

Su ministerio es para nosotros motivo de gratitud y también una llamada a vivir con renovada fidelidad nuestro propio carisma. Regreso de esta experiencia con el corazón agradecido: he visto una Iglesia joven, alegre y unida; una Iglesia que camina, como siempre ha hecho, tras las huellas de Cristo.

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