¿Qué aprendizajes y desafíos te ha ofrecido personalmente CARDI?
Desde que asumí la dirección de CARDI en 2022 me he dado cuenta de que, aunque a parezca que quienes colaboramos en el proyecto venimos a dar, en realidad recibimos. Creíamos que veníamos a transformar y a comernos el mundo, a solucionar problemas de otros pero… en realidad los privilegiados por CARDI somos nosotros.
Estas personas vulnerables te dan mucho más a ti, te enseñan a valorar más a las personas y sus sufrimientos, te hacen consciente del dolor, algo que quienes estamos con salud olvidamos y obramos como si no existiera.
El desafío cotidiano es mejorar nuestros servicios y ser efectivos para estas personas sumamente vulnerables, maltratadas por el sistema social y sanitario, que necesitan urgentemente encontrar algo diferente en medio de sus sufrimientos y los de sus familiares. Queremos ser ese lugar diferenciado.
¿Cuáles son los impactos más significativos de estas dos décadas de CARDI?
Creo que hay mucho que celebrar. CARDI ha sido realmente —y nunca ha dejado de intentar serlo— un hogar donde todos se sientan en familia, donde desde que se cruza la puerta se respire un ambiente humano, un trato cariñoso, una escucha atenta. Nuestros beneficiarios saben que aquí pueden olvidarse un poco del sufrimiento y dolor que llevan.
También en estas dos décadas ha sido significativo el reconocimiento de la sociedad al CARDI. Nos hemos convertido en un aval, es decir, representantes de la sociedad para evaluar y mejorar la calidad, la calidez y el trato de los usuarios del sistema público de salud. Hemos sido puente de comunicación entre personas e instituciones.
Solo en la última década, al menos 125.000 personas han recibido atención en nuestro Centro: aseo y lavado de ropa, albergue de día, alimentos… Otras 10.000 han tenido un acompañamiento personalizado psicológico o tanatológico; y 13.000 se han formado en talleres, conferencias o diplomados. Son cifras importantes, hemos tenido un peso, dice mucho de nosotros y nuestro deber es mantenerlo y aumentarlo.
Siguiendo el nombre del proyecto, ¿cómo es esa recuperación y reintegración completa?
La salud debe entenderse de una manera integral: física, mental, emocional y espiritual. El Centro Agustino Recoleto de Recuperación de Desarrollo Integral encarna esa visión, y esto solo puede lograrse a través de nuestros colaboradores y voluntarios.
Nuestros proyectos y programas son una realidad por esa columna principal que es nuestro voluntariado, motor que impulsa cada servicio, gesto y acción. Su presencia constante en los pasillos, en la cafetería, en el dispensario, en la sala de espera, es signo de esperanza, de manos dispuestas, de corazones abiertos.
CARDI participa de esta visión integral de la salud en sus ofertas de formación, que intentar abarcar todo. Los diplomados de tanatología, logoterapia y voluntariado se diseñan para brindar recursos sólidos para acompañar de manera humana y efectiva a quienes atraviesan momentos de vulnerabilidad; y los talleres, cursos o conferencias proporcionan espacios más prácticos y/o reflexivos para una vida con un mayor sentido, tanto en la dimensión personal como la social.
Ante los desafíos de las adicciones, la salud mental o la exclusión social, ¿qué prioridades estratégicas tiene CARDI?
CARDI intenta ayudar en algunas de estas situaciones, aunque no podemos llegar a todo. Hay limitaciones de espacio y también de control y evaluación gubernamental y legal, tenemos bien definido dónde y en qué podemos actuar, y dónde no.
Nuestra estrategia se ha centrado en el desarrollo humano integral tanto con la oferta educativa como con el acompañamiento. La gente espera de CARDI empatía, escucha, que alguien los entienda. Nuestros terapeutas, muy preparados, saben hacerlo. Saben cómo filtrar e identificar necesidades reales para después buscar las soluciones.
Respecto a las adicciones, hemos creado un convenio con Doble A, institución especializada. Cuentan en CARDI con un espacio para ese acompañamiento especial. Respecto a la exclusión social, damos atención personalizada para los migrantes que llegan al sistema público de salud, para que reciban el mismo nivel de atención y se sientan acogidos. Tal vez más adelante podamos ampliar los servicios, ya se verá.
¿Qué reflexiones te causa la celebración de este Día Mundial de la Salud?
Ojalá seamos todos capaces de ver lo que significa realmente la salud. No es solo ausencia de enfermedad, sino un estado de plenitud, seguridad, bienestar general. Debemos cuidarnos, ser cuidadosos con nosotros mismos y después podremos cuidar a otros. Si nosotros no nos cuidamos, ¿cómo vamos a cuidar a los temas?
A cuantos se acercan a CARDI les solemos pedir que se quieran, que se cuiden. Cuidar a otros desgasta, es muy fácil empeorar situaciones ya difíciles, enfermarse, dejar que falle la salud espiritual, vengan las dudas, enojarse con Dios, hundirse.
También es momento de agradecer a cuantos han apoyado a CARDI: voluntarios, colaboradores, facilitadores y benefactores. Gracias a ellos, hemos llegado a dos décadas sirviendo a los más vulnerables, los más desfavorecidos, para que vuelvan a sentirse seguros, completos, plenos, con salud física, mental, emocional y espiritual.
La salud es un derecho de todos. Las palabras “salvación” y “salud” vienen de la misma raíz. La Iglesia tiene mucho que decir. La Familia Agustino-Recoleta se ha volcado con este proyecto, sus comunidades y ministerios han abierto las puertas a CARDI, nos han proporcionado nuevos apoyos y benefactores generosos y conscientes.
Animamos a nuestros beneficiarios a que valoren su propio cuidado, que se cuiden ellos y prevengan cualquier complicación para que su tarea de acompañar a sus seres queridos que sufren con la enfermedad sea mejor.
Ojalá durante muchos años más sigamos constituyendo para muchos un instrumento de promoción de la cultura de la salud integral en México.









