En esta reflexión evangélica para el IV Domingo de Pascua y Nuestra Señora del Buen Consejo, el Rev. P. Lounal E. Jarumay, OAR, ofrece una lectura agustiniana del Evangelio de Juan, centrándose en Cristo como la Puerta y el Buen Pastor. Partiendo del Totus Christus de san Agustín, esta meditación nos invita a redescubrir nuestra identidad como miembros del Cuerpo de Cristo y a vivir nuestra fe como una participación dinámica en Su vida y misión.
Cristo la Puerta: Entrar en el misterio del Cristo total
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido. Pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas», proclama Jesús. Quisiera ofrecer una lectura agustiniana de este texto joánico para guiar nuestra reflexión.
Agustín habla del Totus Christus, es decir, el Cristo total compuesto por Cristo Cabeza y la Iglesia como cuerpo. La Cabeza y el cuerpo nunca pueden separarse. Para ser exactos, el cuerpo nunca puede separarse de la Cabeza. De hecho, para Agustín, mientras que la Cabeza se expresa en y a través del cuerpo, el cuerpo, para ser cuerpo, solo puede expresarse de acuerdo con la Cabeza. La Cabeza asegura esta relación inefable asumiendo la naturaleza del cuerpo. Esta asunción beneficia enormemente al cuerpo.
En su Tratado 45 sobre el Evangelio de Juan, Agustín reitera que la «puerta» es Cristo, como Él mismo confesó: Yo soy el camino, la verdad y la vida. El mismo Cristo es también el pastor, pues ha declarado: Yo soy el Buen Pastor. Las «ovejas» las identifica como aquellas que escuchan la voz del pastor. Así pues, para Agustín, está claro que, para entrar por la puerta, uno debe entrar por Cristo la puerta y ser conducido por Cristo el pastor.
Las ovejas como Cuerpo de Cristo: Vivir en comunión
Quisiera aplicar, además, el principio del Totus Christus de Agustín para reflexionar más profundamente sobre la identidad de las ovejas. En el Tratado 45, las ovejas son aquellas que escucharon la voz del Pastor, y Él las conoce. Debo añadir que las «ovejas» constituyen el cuerpo de Cristo. No están simplemente reunidas en torno al Pastor, sino que están en el Pastor mediante la asunción de la naturaleza humana. Dicho de manera sencilla: las ovejas entran por la puerta porque están en Cristo, que es la puerta; y escuchan no simplemente la voz del Pastor, sino porque, en la unión íntima e inefable de la Cabeza y el cuerpo, el cuerpo asume la voluntad de la Cabeza. En otras palabras, la voluntad del cuerpo se conforma activamente a la voluntad de la Cabeza.
El desafío ahora es cómo conformarnos continuamente a la Cabeza mientras estamos en el Pastor. Así pues, rogamos a la Cabeza que nos conceda la gracia de ser constantemente conscientes de nuestra unión íntima con Él. Tal conciencia puede servirnos de guía mientras transitamos nuestra vida cotidiana como ovejas de Cristo. Bajo la gracia y con la gracia, descansamos seguros en el seno de nuestro Pastor, cuya humildad nos permite pasar por la puerta hacia la vida eterna.
Una llamada a la misión: Convertirnos en la voz del Pastor
Aunque desafiados, también recordamos que nuestra incorporación al Cristo total no es simplemente para nuestro beneficio; es también una llamada a la misión. La Cabeza desea que todos los que el Padre le ha dado estén con Él dondequiera que Él esté. Si este deseo ha de ser asumido por el cuerpo que es la Iglesia, entonces no podemos estar tranquilos sabiendo que no todos estamos en el Pastor. Rogamos, pues, al Padre que nos transforme en Su voz llamando a todos al cuerpo de la única Cabeza. Que todos seamos uno en Aquel que nos conduce al Dios Trino.

