El prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, fray Miguel Ángel Hernández, ha destacado el valor de la comunión, la misión compartida y el dinamismo pastoral de las comunidades durante una entrevista concedida a una radio diocesana de Cachoeiro en el marco de su visita de renovación a Brasil.
Durante el diálogo, el prior general explicó el sentido de su servicio dentro de la Orden, definido como un ministerio de unidad. “El prior general es el moderador de la Orden, pero, sobre todo, está llamado a ser un referente de comunión entre todos los religiosos”, señaló. En este sentido, subrayó que su misión consiste en acompañar y garantizar la vivencia del Proyecto de Vida y Misión aprobado en el capítulo general.
Un servicio de unidad al servicio de la misión
Fray Miguel Ángel Hernández recordó que este proyecto, elaborado tras un proceso de discernimiento de varias semanas, orienta la vida de la Orden durante un sexenio. “Se trata de responder a los desafíos de la Iglesia y del mundo, y de concretarlo en ámbitos como la vida comunitaria, la pastoral, la educación o la espiritualidad”, explicó.
El reto principal, añadió, es que este plan no quede en una formulación teórica:
“Nuestra tarea es hacer que se viva en todas las comunidades, que no se quede en palabras, sino que se traduzca en vida”.
Elegido en 2022 para un mandato hasta 2028, el prior general destacó que las visitas a las comunidades forman parte esencial de este servicio. Estas visitas tienen un triple objetivo: “conocer, animar y corregir”, siempre desde una actitud fraterna y pastoral.
Visitas de renovación: cercanía y acompañamiento
En el marco de estas visitas de renovación, el prior general recorre las distintas presencias de la Orden para conocer de primera mano la realidad de los religiosos y sus obras apostólicas.
“Se trata de conocer a los frailes, su vida, su misión y el contexto en el que trabajan; animar su entrega y, cuando es necesario, ofrecer una corrección fraterna”, explicó. Este acompañamiento, añadió, busca fortalecer la identidad y la fidelidad al carisma agustino recoleto.
Además de estas visitas ordinarias, el prior general participa en acontecimientos significativos para la Orden, como celebraciones jubilares o aniversarios, que refuerzan la memoria y la identidad comunitaria.
Una Iglesia viva y con fuerte protagonismo laical
Durante su estancia en la diócesis brasileña de Cachoeiro de Itapemirim, fray Miguel Ángel Hernández valoró especialmente el dinamismo pastoral de las comunidades y el protagonismo de los laicos.
“Es una realidad muy rica, con numerosas comunidades, tanto urbanas como rurales, bien organizadas y con una participación muy activa de los fieles”, afirmó.
En las parroquias atendidas por los Agustinos Recoletos, destacó también la intensa vida sacramental, especialmente en el ámbito del acompañamiento espiritual: “Es muy significativo ver filas constantes de personas que buscan la confesión, el diálogo espiritual, el encuentro con el sacerdote”.
Una vida marcada por la misión internacional
Natural de España, en las cercanías de Madrid, el prior general cuenta con una amplia experiencia misionera en Brasil, país en el que ha vivido cerca de veinte años en distintas etapas de su vida religiosa.
Esta trayectoria explica su cercanía con la realidad latinoamericana y su fluidez en lengua portuguesa, lo que facilita el diálogo y la cercanía pastoral durante sus visitas.
Actualmente reside en Roma, donde tiene su sede la curia general de la Orden, aunque su servicio le lleva a recorrer constantemente las distintas presencias de los Agustinos Recoletos en el mundo.
Presencia global y desafíos misioneros
En la entrevista, fray Miguel Ángel Hernández también se refirió a la presencia internacional de la Orden, reconociendo los desafíos que plantea la expansión misionera, especialmente en regiones como África.
“Actualmente nuestra presencia es todavía limitada, con comunidades en Sierra Leona y Kenia, pero la preocupación por la misión y la apertura a nuevas realidades sigue siendo constante”, afirmó.
El prior general concluyó subrayando la necesidad de mantener la fidelidad al carisma en medio de los cambios del mundo: “Estamos llamados a responder a las nuevas realidades de la Iglesia y de la sociedad, sin perder lo esencial: la comunión, la unidad y la vida según nuestro carisma”.

