La plaza de San Pedro, abarrotada de fieles procedentes de todo el mundo, fue el escenario de un momento histórico: la primera bendición Urbi et Orbi del Papa León XIV en la solemnidad de la Pascua. Desde el balcón central de la basílica vaticana, el Pontífice dirigió su mensaje a la ciudad de Roma y al mundo entero, en una celebración marcada por la esperanza pascual y la preocupación por la paz global.
El Papa abrió su intervención con el anuncio esencial de la fe cristiana —Cristo ha resucitado—, recordando que la Pascua es el fundamento sobre el que se sostiene la vida de la Iglesia. Presentó la resurrección como una victoria decisiva: la vida sobre la muerte, la luz sobre las tinieblas y el amor sobre el odio.
La fuerza de Cristo: amor que genera paz
León XIV centró su mensaje en el modo en que Cristo ha vencido: no mediante la violencia, sino a través del amor fiel y entregado hasta el extremo. Explicó que la fuerza de la resurrección es la misma fuerza de Dios, un amor que crea, perdona y redime.
Con imágenes profundamente evangélicas, evocó la lógica del grano de trigo que muere para dar fruto y la del corazón que, herido, renuncia a la venganza y opta por el perdón. Esa es, subrayó, la verdadera fuerza que puede transformar las relaciones humanas y construir la paz en todos los niveles: entre personas, familias, pueblos y naciones.
Un llamamiento directo contra la guerra y la indiferencia
Desde la logia central, el Pontífice elevó una súplica clara a Dios para que conceda la paz a un mundo “asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia”. En un tono directo, pidió a quienes tienen responsabilidad en los conflictos que depongan las armas y elijan el camino del diálogo.
Advirtió también del peligro de acostumbrarse a la violencia y de caer en una creciente indiferencia ante el sufrimiento humano, especialmente ante la muerte de miles de personas en distintos escenarios de conflicto. Frente a ello, propuso una conversión profunda a la paz de Cristo, que no se limita a silenciar las armas, sino que transforma el corazón.
En este contexto, anunció una iniciativa concreta: invitó a todos los fieles a participar en una vigilia de oración por la paz que se celebrará en la basílica de San Pedro el sábado 11 de abril.
La resurrección, principio de una humanidad nueva
El Papa presentó la Pascua como el inicio de una humanidad renovada, llamada a vivir en la justicia, la libertad y la paz. Señaló que, ante el sepulcro vacío, cada persona se sitúa ante una decisión: abrirse a la esperanza o encerrarse en el miedo y la negación.
Retomando la enseñanza de san Agustín, recordó que el camino cristiano pasa por amar la resurrección incluso en medio del temor a la muerte, porque en Cristo el mal ha sido definitivamente vencido.
La bendición Urbi et Orbi y la indulgencia plenaria
Tras el mensaje pascual, el cardenal Protodiácono Dominique Mamberti anunció la concesión de la indulgencia plenaria a todos los fieles presentes en la plaza y a quienes seguían la celebración a través de los medios de comunicación.
La bendición Urbi et Orbi, una de las más solemnes del ministerio petrino, implora la misericordia de Dios, el perdón de los pecados y la perseverancia en el bien. En ella, el Papa encomienda al Señor a toda la humanidad, especialmente “a todos los corazones que sufren y esperan la verdadera paz que solo Él puede dar”.
Antes de concluir, León XIV invitó a los fieles a unirse en oración por la paz y anunció una vigilia en la basílica de San Pedro. También dirigió su saludo pascual en diversas lenguas, subrayando la universalidad de la Iglesia.
Su mensaje dejó una línea clara de magisterio: la paz nace del corazón transformado por Cristo resucitado. No es un equilibrio de fuerzas, sino un don que se acoge y se construye.
En esta primera bendición Urbi et Orbi, León XIV ha marcado el tono de su pontificado: una Iglesia que proclama con firmeza la victoria de Cristo y que, desde esa certeza, llama al mundo a la conversión, al diálogo y a la paz. Porque, como recordó con una de esas primeras palabras que nos dirigió como Papa:
«El mal no tiene la última palabra, porque ha sido vencido por el Resucitado».
El saludo universal del Papa en diez idiomas
Como es tradición en las grandes solemnidades, León XIV quiso subrayar la universalidad de la Iglesia dirigiendo su felicitación pascual en diez idiomas: italiano, francés, inglés, alemán, español, portugués, polaco, árabe, chino y latín.
En esta última lengua, evocando la tradición litúrgica de la Iglesia, proclamó el gozo de la resurrección con palabras que resonaron con fuerza en la plaza: un deseo de que la fiesta del Señor resucitado llene de alegría a todos y que esa alegría sea compartida con el mundo entero.
Una Pascua que marca el inicio de su pontificado
Esta primera bendición Urbi et Orbi de León XIV no solo ha sido un acto litúrgico, sino también una declaración de intenciones. Su mensaje ha trazado una línea clara: la Iglesia está llamada a anunciar con convicción la victoria de Cristo y, desde ella, a trabajar por la paz, el diálogo y la conversión del corazón.
En un mundo herido por conflictos y divisiones, el nuevo Papa ha querido situar en el centro la fuerza transformadora del Evangelio: un amor que no impone, sino que se entrega; que no domina, sino que reconcilia; que no destruye, sino que da vida.

