Diez jóvenes de distintos países. Diez historias marcadas por la fe. Diez vocaciones que han dejado atrás su tierra, su cultura, su idioma y muchas veces a su propia familia para seguir a Cristo y anunciar el Evangelio allí donde la Iglesia los necesite.
En las próximas semanas recibirán —o ya han recibido— la ordenación sacerdotal dentro de la familia de los Agustinos Recoletos. Y con ella comienza una misión que no conoce fronteras: servir, evangelizar y llevar esperanza a tantos lugares del mundo donde el nombre de Jesús necesita ser anunciado.
No eligieron el camino fácil. Eligieron entregar la vida.
Jóvenes que dejan todo para seguir a Cristo
Algunos serán enviados a parroquias sencillas; otros a misiones, colegios, proyectos sociales o comunidades alejadas de su país de origen. Todos tienen algo en común: han respondido “sí” a Dios con valentía y generosidad.
Han dejado atrás seguridades y comodidades para abrazar una vida entregada al Evangelio. Son jóvenes que creen que merece la pena gastar la vida por Cristo y por los demás. Jóvenes que siguen demostrando que Dios continúa llamando y que todavía hay corazones dispuestos a responder sin miedo.
El mejor regalo: la oración de toda la familia agustino-recoleta
Por eso, desde Recoletos.org queremos hacerles un regalo. El mejor regalo posible: la oración de toda nuestra familia agustino-recoleta.
Queremos que sientan que no están solos. Que detrás de cada nuevo sacerdote hay una Iglesia que acompaña, una Orden que sostiene y miles de personas que rezan para que nunca pierdan la alegría de su vocación, la pasión por el Evangelio y el deseo de servir a los demás.
En los próximos días iremos presentando a cada uno de estos nuevos sacerdotes agustinos recoletos: sus nombres, sus historias y también sus sueños misioneros. Y queremos invitarte a formar parte de este camino.
Hoy te pedimos algo sencillo y poderoso: reza por ellos.
Reza para que sean sacerdotes santos. Reza para que nunca se cansen de anunciar a Cristo. Reza para que el mundo descubra, a través de sus vidas, que Dios sigue llamando y que todavía hay jóvenes capaces de dejarlo todo por el Evangelio.
Porque las grandes misiones nacen siempre de una vocación… y se sostienen gracias a la oración.



