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Marcelino Álvarez: una vida entregada que sigue dando fruto

A los 20 años de su partida, memoria viva de un agustino recoleto que sigue uniendo corazones.
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Dicen que una imagen vale más que mil palabras… y no ha sido difícil encontrar la imagen adecuada para recordar al P. Marcelino Álvarez en este vigésimo aniversario de su fallecimiento. Ahí está: con su porte deportivo, gorra ceñida, gesto cercano y bonachón, en medio de la naturaleza y rodeado de hermanos. Una imagen que resume bien lo que fue su vida: cercanía, fraternidad, sencillez y entrega.

El 6 de abril de 2006, en plena jornada ordinaria, la noticia sacudía en muchos lugares: “esto no puede ser verdad”. El P. Marcelino Álvarez, entonces prior provincial, fallecía en Madrid a los 59 años a causa de un infarto. Aquella incredulidad compartida por hermanos, alumnos, profesores y amigos en España, América y otros lugares, dejaba paso, con el tiempo, a una certeza más profunda: su vida había sido plenamente fecunda.

Una vocación vivida en clave de servicio

Nacido el 6 de octubre de 1946 en Castro de la Lomba (León), Marcelino Álvarez ingresó muy joven en la Orden de Agustinos Recoletos, realizando su profesión en 1967 y siendo ordenado sacerdote en 1971. 

Su primera misión estuvo ligada a la formación de los jóvenes, una constante que marcaría toda su trayectoria. Durante años desarrolló su labor en el Colegio Santo Tomás de Villanueva de Granada, donde dejó una huella imborrable como profesor, tutor, director, entrenador y, sobre todo, como educador integral.

Licenciado en Teología y Psicología y diplomado en Magisterio, supo integrar conocimiento, cercanía y sentido pastoral en su tarea educativa. Su amor por el deporte no fue un elemento secundario, sino un auténtico medio pedagógico: formar personas desde el esfuerzo, el compañerismo y la superación.

Quienes lo conocieron recuerdan su capacidad de hacer sencillo lo profundo, su espontaneidad, su sentido del humor y su manera de explicar la vida –y la fe– como un camino compartido hacia una meta común.

Un pastor cercano y un hombre de comunión

El P. Marcelino fue llamado también al servicio del gobierno, primero como vicario y después como prior provincial, responsabilidad que ejerció con entrega y visión universal, acompañando a la Provincia en España, Brasil, Argentina y Venezuela. 

Vivió su misión desde una profunda confianza en Dios y en las personas, convencido de que él mismo era un instrumento sencillo en manos del Señor. Su estilo fue siempre cercano, fraterno, agustiniano: construir comunidad, tender puentes, confiar en los demás. Es como si su vida reflejara esa intuición de san Agustín: el corazón humano no descansa hasta Dios, pero en el camino se construye en comunión, en la cultura del encuentro y del amor.

Un legado que sigue en marcha: la Carrera Memorial P. Marcelino

La huella del P. Marcelino no terminó con su muerte. Muy al contrario, comenzó a multiplicarse. En 2007 nacía la Carrera Popular Memorial P. Marcelino, impulsada por el Colegio Santo Tomás de Villanueva y el Club Polideportivo Agustinos, como homenaje a su figura. Pero no es solo una carrera. Es una expresión viva de su legado: deporte como medio educativo, como él lo vivió; solidaridad, apoyando proyectos sociales en distintos países; encuentro y familia, reuniendo a miles de personas de todas las edades. Cada edición reúne a corredores, voluntarios y familias en un ambiente festivo que refleja exactamente lo que él sembró: comunidad, alegría y compromiso. 

Muchos conocen hoy su nombre gracias a esta carrera. Incluso, hay gente que ha tenido su primera experiencia con el running participando en este evento. Pero detrás de esta experiencia deportiva hay una vida concreta: la de un sacerdote, educador y amigo que supo dejar huella en generaciones enteras.

Seguir caminando hacia la meta común

Aquel “esto no puede ser verdad” sigue resonando en la memoria. Pero hoy suena más fuerte otra voz: la certeza de que su vida llegó a la meta y de que su legado continúa. Más que lamentar su ausencia, su recuerdo impulsa a seguir adelante: con su ilusión, su forma de servir, su manera cercana de estar con todos.

Marcelino enseñó –con palabras y con vida– que caminar juntos es lo esencial. Como en ese partido de fútbol al que tantas veces hacía referencia: todos avanzamos hacia un mismo objetivo.

Hoy, 20 años después, la Orden, la comunidad educativa y tantas personas que lo conocieron siguen caminando en esa misma dirección. La memoria del P. Marcelino está presente en la carrera que lleva su nombre y que, cada año, inunda las calles de Granada pero, sobre todo, en una vida entregada que sigue dando fruto.

Gracias, Marcelino. Seguimos tus pasos hacia la meta común.

 

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