El deporte es mucho más que competición o ejercicio físico. Para el papa León XIV, constituye una auténtica escuela de valores capaz de educar en el respeto, la fraternidad y la superación personal. Esta es la intención de oración que el Santo Padre propone para el mes de junio, invitando a los fieles a descubrir el potencial humano y espiritual de la práctica deportiva.
Sobre este tema reflexionó fray Antonio Carrón de la Torre, Consejero General de la Orden y miembro de Athletica Vaticana, durante una entrevista concedida a Radio Vaticana-Vatican News.
Según explica el religioso, la valoración positiva del deporte forma parte de la visión cristiana de la persona, entendida como una realidad integral en la que cuerpo, mente y espíritu están llamados a desarrollarse armónicamente.
“La dimensión física es un aspecto fundamental de la persona. La Iglesia siempre ha tenido muy presente esta realidad y la importancia del cuerpo como lugar de encuentro con Dios”, señala.
Una experiencia eclesial junto al papa León XIV
Carrón participó recientemente en varios actos del viaje apostólico que León XIV realizó a España. Para el agustino recoleto, aquellos días supusieron una experiencia profundamente eclesial y también familiar, especialmente para la gran familia agustiniana.
“Fue la alegría de recibir al Santo Padre, pero también la de recibir a un hermano”, afirma al recordar los encuentros celebrados en Madrid, donde participó en la vigilia de oración, la celebración del Corpus Christi y otros actos multitudinarios.
En varios momentos del viaje, el Papa hizo referencia al deporte como un ámbito privilegiado para promover el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu, una dimensión que el religioso considera esencial en cualquier proceso de formación humana y cristiana.
El deporte en la vida agustiniana
Aunque el deporte no ocupa un lugar exclusivo dentro de la espiritualidad agustiniana, sí forma parte de la formación integral de los religiosos.
Fray Antonio recuerda que durante su propio proceso formativo siempre se fomentó la actividad física como una ayuda para desarrollar todas las dimensiones de la persona: la afectiva, la relacional, la intelectual y la espiritual.
“El deporte integra muchos elementos de nuestra vida. Es relación, esfuerzo, disciplina y también interioridad”, explica.
En disciplinas como el atletismo de fondo, que practica habitualmente, descubre además momentos privilegiados de encuentro consigo mismo. Una experiencia compartida por otros miembros de Athletica Vaticana, entre ellos el cardenal Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel, quien suele describir las largas carreras como auténticos espacios de oración.
Athletica Vaticana: correr por la paz y la fraternidad
Desde su creación, Athletica Vaticana busca promover los valores que la Santa Sede desea transmitir a través del deporte: inclusión, encuentro, solidaridad y paz.
Por ello, cada competición comienza con una oración y muchos de los grandes eventos deportivos en los que participa la delegación vaticana están acompañados por celebraciones litúrgicas.
“La presencia de la Santa Sede en el deporte ya es en sí misma un mensaje”, afirma Carrón. “Más allá de las marcas o de los resultados, se trata de recordar unos valores que pueden ayudar a construir una sociedad más humana”.
El Fraile explicó que la propia experiencia de correr con la equipación de Athletica Vaticana genera con frecuencia oportunidades de diálogo y evangelización.
“Muchas personas preguntan qué es Athletica Vaticana o qué representa. Son ocasiones sencillas para compartir la fe y explicar el mensaje que hay detrás”.
Un lenguaje universal que une a los pueblos
Uno de los aspectos destacados por León XIV en su intención de oración es la capacidad del deporte para derribar barreras y acercar culturas.
Para fray Antonio, esta dimensión hunde sus raíces en la propia historia del deporte, desde la antigua tregua olímpica hasta las iniciativas contemporáneas que buscan favorecer la paz entre los pueblos.
“El deporte es una llamada a la concordia y al encuentro. Nos invita a dejar a un lado aquello que nos separa y a centrarnos en lo que verdaderamente nos une”, afirma.
En un contexto internacional marcado por conflictos y divisiones, considera que el deporte puede convertirse en un lenguaje universal capaz de tender puentes y generar espacios de convivencia.
Una puerta abierta a la trascendencia
Al preguntarle cómo promover conjuntamente deporte y oración entre los jóvenes, el religioso encuentra una conexión natural entre ambas realidades.
“Practicar deporte te lleva a encontrarte con otros, pero también contigo mismo. Y la oración parte igualmente de una experiencia personal que termina abriéndose a la comunidad”.
Desde una perspectiva profundamente agustiniana, Carrón recuerda las palabras de san Agustín: “No vayas fuera; entra en ti mismo; en el interior del hombre habita la verdad”.
Por eso considera que el esfuerzo, la disciplina y la superación personal que exige el deporte pueden convertirse en una escuela de interioridad.
“El deporte es también una puerta abierta a la trascendencia. Dios habita en cada persona y, en ese encuentro con nuestro propio interior, podemos descubrir su presencia”.



