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Las Agustinas Recoletas de España profundizan en Salamanca en la formación, la oración y el cuidado de la vida comunitaria

Formación, convivencia y acompañamiento para hermanas de distintos monasterios de la Federación.
formacion agustinas recoletas espana 2026 Salamanca - 02

Cincuenta formadoras y formandas participaron, junto con el Consejo de la Federación, en un curso celebrado del 5 al 10 de julio en Salamanca, centrado en la vida espiritual, el buen trato y el acompañamiento

Del 5 al 10 de julio de 2026, el Centro de Espiritualidad San Vicente de Paúl de Salamanca acogió el Curso de Formación para Formadoras y Formandas de la Federación de Monjas Agustinas Recoletas de España. En el encuentro participaron 50 formadoras y formandas, junto con el Consejo de la Federación, procedentes de diversos monasterios agustino recoletos de España.

La iniciativa reunió a hermanas de distintas etapas formativas y de varias comunidades, entre ellas el Monasterio de la Encarnación de Madrid, el convento de Santo Toribio de Vitigudino, la comunidad de Oviedo, la comunidad de Colmenar de Oreja, Santa Isabel de Madrid y San Martín, entre otros monasterios de la Federación. La diversidad de procedencias, edades y experiencias convirtió estos días en un espacio privilegiado de formación, convivencia, discernimiento vocacional y comunión fraterna.

El curso comenzó el 6 de julio con la ponencia de Fray Jesús Lanao sobre la dimensión orante de la vida contemplativa. La oración apareció como uno de los ejes principales del encuentro y como fundamento de la identidad agustino recoleta. Así lo expresaba la hermana Mercedes, del Monasterio de la Encarnación de Madrid, al señalar que se quedaba especialmente “con el tema de la oración y el compartir con la comunidad”. Para ella, lo más valioso de la vocación es precisamente “la vida comunitaria”.

Los días 7 y 8 de julio, Fray Antonio Carrón desarrolló varias ponencias sobre la vida espiritual centrada en Jesucristo, la ascesis, el buen trato y los entornos seguros. Estos temas permitieron profundizar en la formación integral de las hermanas, uniendo la dimensión espiritual con la madurez humana, la vida fraterna y el cuidado mutuo dentro de las comunidades contemplativas.

La ascesis fue presentada como un camino de libertad interior y de configuración con Cristo. La hermana Fabiola, de la comunidad de la Encarnación de Colmenar de Oreja, destacaba de estos días “el ejercicio de la ascesis”, entendido como “un continuo ejercicio” y como “un medio para que lleguemos a ese fin que es la santidad y Dios mismo”. También la hermana Brenda, de Santa Isabel de Madrid, subrayaba una de las claves del curso: “He aprendido que debemos cuidarnos para poder cuidar a los demás”, añadiendo también la necesidad de “profundizar más” en la oración y crecer en la formación personal.

La reflexión sobre el buen trato y los entornos seguros ofreció herramientas para favorecer relaciones sanas, fraternas y evangélicas dentro de las comunidades. En una vida llamada a ser signo de comunión, el cuidado de la persona, la escucha, la prevención de heridas y el acompañamiento adecuado forman parte esencial de la misión formativa. Este aspecto resultó especialmente significativo para las formadoras, llamadas a acompañar procesos personales y vocacionales desde la cercanía, el respeto y la fidelidad al carisma.

El 9 de julio, Fray Jesús Lanao ofreció una nueva ponencia, esta vez centrada en la lectio divina. La escucha orante de la Palabra fue presentada como alimento cotidiano de la vida contemplativa y como escuela de interioridad, discernimiento y comunión con Dios. En los testimonios de las participantes apareció con fuerza la importancia de la oración, la caridad, la fraternidad y la vida contemplativa como elementos que sostienen la vocación.

El curso concluyó el 10 de julio con la intervención de Fray Bruno D’Andrea, quien abordó el manejo de los sentimientos. Su reflexión ayudó a reconocer la importancia de integrar la vida afectiva en el camino espiritual y comunitario.

La formación contemplativa no se reduce a adquirir conocimientos, sino que implica aprender a conocerse, dejarse acompañar y crecer en libertad interior para vivir con mayor autenticidad la propia consagración.

Uno de los frutos más destacados del encuentro fue la experiencia de fraternidad entre hermanas. Viviana, del convento de Santo Toribio de Vitigudino, afirmaba que estos días le ayudaron a “profundizar más en la vida comunitaria” y a conocer a hermanas que quizá no conocía, enriqueciéndose “con lo que ellas traen, porque es mucho lo que cada una aporta”. También Sor Guadalupe, de la comunidad de Oviedo, describía el encuentro como una experiencia “de gran riqueza” por la convivencia, el conocimiento de distintas culturas y la vida común, que definía como algo “propio de nuestro carisma”.

La interioridad, rasgo profundamente agustiniano, apareció igualmente como una clave de la formación. Sor Guadalupe destacaba que la interioridad le permite conocerse a sí misma, reconocer lo que es y lo que tiene, para poder compartirlo con las hermanas y comprenderlas “desde sus distintas etapas de formación”. En este sentido, señaló también uno de los grandes retos actuales de las comunidades contemplativas: “conocer al otro, conocer su cultura, conocer su forma de ser, comprender de dónde viene”, para poder acompañar mejor.

El proceso de formación de las agustinas recoletas comienza con el aspirantado, tiempo inicial para conocer el carisma, la vida de san Agustín y la Regla; continúa con el postulantado, etapa de profundización y discernimiento vocacional; y sigue con el noviciado, centrado de modo especial en la teología, el carisma, la vida interior y la oración según san Agustín. Todo este itinerario busca ayudar a la persona que siente la llamada de Dios a preguntarse con verdad si ese es su camino y a crecer en la identidad propia de la vida agustino recoleta contemplativa.

La convivencia fue, para muchas participantes, uno de los grandes regalos del curso. Delmia, de la comunidad de Colmenar de Oreja, afirmaba que se llevaba “mucha enseñanza” para su vida espiritual y comunitaria, y que estos días le ayudarán a “seguir perseverando” en su vocación personal y a vivir mejor en comunidad. También expresaba la alegría de descubrir la amplitud de la familia agustino recoleta: “Me ha hecho sentir muy feliz porque veo que es una familia muy grande”.

En palabras de Sor Amparo, presidenta federal, «el curso ha sido una oportunidad para fortalecer la comunión entre los monasterios de la Federación, renovar la alegría vocacional y profundizar en algunos aspectos esenciales de la vida contemplativa: la oración, la interioridad, la vida fraterna, el acompañamiento, el cuidado y la centralidad de Jesucristo».

La Federación de Monjas Agustinas Recoletas de España cuenta actualmente con 29 monasterios federados, de los cuales 26 están en España. Los otros tres están en Filipinas, Kenia y Guatemala.

En un contexto eclesial que invita a cuidar los procesos formativos y a crear comunidades cada vez más evangélicas y seguras, este encuentro ha querido ofrecer a formadoras y formandas un tiempo de escucha, reflexión y convivencia. Salamanca se convirtió durante estos días en un espacio de comunión, aprendizaje y esperanza para seguir viviendo, desde el carisma agustino recoleto, la belleza de una vida consagrada a Dios en la oración y en la fraternidad.

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