La Eucaristía de acción de gracias, celebrada en la parroquia Nuestra Señora de la Consolación, reunió a religiosos, autoridades eclesiásticas y fieles de todo el país
El Prior General de la Orden, Fray Miguel Ángel Hernández Domínguez, presidió el pasado sábado 25 de abril la Eucaristía de acción de gracias con motivo del centenario de la presencia agustino recoleta en la República Argentina, clausurando así un año jubilar marcado por la memoria agradecida y la proyección esperanzada de la misión.
La celebración tuvo lugar a las 19:00 horas en la parroquia Nuestra Señora de la Consolación, en Buenos Aires, en un ambiente profundamente emotivo y con una amplia participación de religiosos, autoridades eclesiásticas y fieles. También estuvo presente el secretario general de la Orden, Fr. Luciano Audisio. Ambos interrumpieron la visita canónica que se encontraban realizando en Brasil para acompañar este momento significativo en la historia de la Provincia.
Una celebración vivida en comunión
La Eucaristía congregó a comunidades procedentes de distintos ministerios agustino recoletos del país. Desde Santa Fe, Rosario y Mar del Plata, fieles y religiosos, tanto de parroquias como de centros educativos, se trasladaron en micro para participar en esta celebración, signo visible de la comunión y del arraigo de la misión recoleta en Argentina.
El acto litúrgico no solo fue un momento de acción de gracias, sino también de encuentro entre generaciones que han dado forma a cien años de presencia evangelizadora.
Gratitud, memoria y esperanza
En su homilía, el Prior general sintetizó el sentido del centenario con palabras que marcaron el tono de toda la celebración:
“Cerramos un camino de cien años. Y lo hacemos como lo hemos vivido: con gratitud, con memoria y con esperanza”.
La gratitud, explicó, nace al reconocer que “todo ha sido pura gracia y misericordia de Dios”, subrayando que la historia de la Orden en Argentina es ante todo historia de la acción divina.
La memoria, añadió, “nos da identidad”, pues permite recordar los inicios humildes, los pasos dados en fidelidad, las decisiones valientes y también las fragilidades y recomienzos. Sin embargo, insistió en que una memoria auténtica no se queda en la nostalgia, sino que descubre “el hilo que atraviesa todo”, que no es otro que la fidelidad de Dios.
Finalmente, la esperanza abre el futuro: “La historia no termina aquí. Celebrar cien años no es cerrar una etapa, es abrir una nueva… Miramos hacia delante con confianza, no porque tengamos todo claro, sino porque sabemos en quién hemos puesto nuestra confianza”.
Una misión que ha sido cercanía y acompañamiento
A lo largo de la celebración se hizo memoria agradecida de los primeros religiosos que llegaron en 1925, así como de tantos que han sostenido la misión en contextos diversos, a menudo marcados por dificultades sociales, eclesiales y vocacionales.
El Prior general destacó que la presencia recoleta en Argentina ha querido ser, durante este siglo, una Iglesia cercana, capaz de acoger, acompañar y caminar con el pueblo de Dios. Una misión vivida en lo cotidiano, en la sencillez, en la fidelidad de cada día.
Palabras de agradecimiento y continuidad
Al finalizar la Eucaristía, el vicario de Argentina, Fr. Daniel Medina, dirigió unas palabras de agradecimiento a todos los presentes, recordando a los religiosos y fieles que, a lo largo de estos cien años, han sido parte de este camino compartido.
La clausura del centenario no se presenta como un punto final, sino como un nuevo comienzo. La celebración ha dejado una llamada clara a continuar la misión con fidelidad creativa, manteniendo vivo el espíritu agustiniano recoleto y respondiendo a los desafíos actuales con esperanza.

