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 Nº 47/VERANO 2005
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 REVISTA TOMA Y LEE
Nº 47/Verano 2005

EDITORIAL
 



Editorial

De un mes y tres semanas a casi tres meses. Y sin puentes que permitan el descanso. He aquí la gran diferencia que resta del último trimestre del curso pasado al que ahora concluimos. Es como esprintar toda una resistencia. De ahí que haga aún más mella el cansancio, sobrevengan las ganas de abandonar la carrera, de tirar por la borda todo lo trabajado anteriormente, por poco que haya sido. (Pero ha sido lo nuestro, no lo olvidemos).

Sin embargo, tres meses sin apenas descansos dan para mucho, como otros habréis advertido. Tres meses de estudio posibilitan encauzar dos trimestres anteriores que a lo mejor dejaban bastante que desear. Tres meses de plena convivencia posibilitan profundizar aún en unas relaciones interpersonales que podían haber pasado anteriormente por los idilios propios de los enamorados, pero que no se habían curtido en el duro combate de un largo y cansino día a día con el aliciente propio de la tensión del último esfuerzo. Tres meses de interiorización posibilitan que, al finalizar este curso 2004-2005, veamos cómo los años no pasan en balde y que, de estar todos los días revolcándonos por los suelos, decidamos por fin ponernos sobre nuestras piernas para mirar la realidad con la cabeza erguida, de tú a tú, advirtiendo el pasado y mirando al futuro, proyectando nuestro futuro.

Tres meses. Ni más ni menos. Pero tampoco absolutos. Esto lo digo, más que nada, por aquellos a quienes la pájara os ha cortado vuestra ascensión al Tourmalet del curso que estudiabais. El Tourmalet del curso que a lo mejor se convirtió en el Tourmalet de vuestra vida de estudiantes. Sin quitar metros ni grados a estos desniveles especiales, mayores han de ser vuestros deseos de superarlos, porque la práctica y la constancia ayudan a conocer mejor la carretera, solventando esos socavones que ahora os han parecido insalvables y administrando mejor las sales necesarias para llegar a la meta. Ya lo dice nuestra sabiduría popular: "Más sabe el diablo por viejo...".

Quizá el mayor problema sea que, como a nuestros doce, catorce, dieciséis o dieciocho años (sin olvidar por ello los impares) nos creemos los Apolos del firmamento, olvidamos que la vida en general, y la vida estudiantil en particular, son más cuestión de resistencia que de velocidad. Nuestra adolescente naturaleza nos hace afrontar la vida desde ésta última y desdeñar la primera. Pero un trimestre puede ser la oportunidad para llegar ligeramente a atisbar que la primera ha de ser el soporte de la segunda. A atisbar aunque sólo sea intelectualmente, dejando quizá la catadura más personal para otros momentos en los que ni los móviles, ni los cubatas, ni las noches en vigilia emborronen nuestra lucidez con su sueño. Lucidez a la que, sin lugar a dudas, siempre contribuyen unas ansiadas y necesarias vacaciones, vividas en el compartir con quienes más queremos de lo que durante nueve meses quizá no hemos sido capaces de poner sobre la mesa. ¡Buen provecho!


 

Nº47/Verano 2005

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